
El presente artículo fue publicado en la página 58, edición número 53, mes de junio, de revista Jurista, “Edición Especial de Mecanismos de Solución de Conflictos. Voces construyendo paz y diálogo en México”.
ALBERTO VILLEGAS CABELLO
Docente de la materia Medios Alternos de Solución de Controversias en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde también funge como coordinador de la Academia de Medios Alternos de Solución de Controversias*.
Mi camino hacia la mediación no fue inmediato, fue más bien un proceso de vida profundamente influenciado por mi entorno. La vocación también tiene raíz en mi padre, abogado y académico del Derecho Civil, de quien aprendí no sólo el valor del derecho, sino la responsabilidad de ejercerlo con sentido humano. A ello se suma mi participación en un sistema de calidad, donde se me inculcó el uso de una comunicación basada en el análisis funcional, lo que fortaleció mi capacidad de observar, escuchar y comprender los conflictos desde una perspectiva estructurada.
A través de distintas experiencias, tanto personales como profesionales, me di cuenta de cuánto daño puede causar la falta de diálogo y cuánto puede transformar una conversación bien llevada. He sido testigo de conflictos que escalan por no saber escuchar, pero también de reconciliaciones que nacen desde la empatía. Fue ahí donde entendí que mi vocación estaba en facilitar encuentros, en ayudar a las personas a verse nuevamente como seres humanos y no como adversarios. La mediación, para mí, no sólo es una herramienta, es una forma de entender la vida.
Necesitamos homologación para aplicar la LGMASC
Desde mi experiencia, considero que aún hay camino por recorrer en la consolidación de la Ley General de MASC. He visto cómo, en la práctica, existen diferencias importantes en su aplicación según la región, lo que genera desigualdad en el acceso a estos mecanismos. Creo firmemente que necesitamos una mayor homologación, así como un reconocimiento más sólido del facilitador como profesional.
Es fundamental impulsar una mayor difusión de la ley en los colegios profesionales de abogados y en las universidades, promoviendo la formación de docentes que reúnan el perfil de abogados colaborativos.
Asimismo, es indispensable reforzar la ética profesional, ya que la mediación exige altos estándares de integridad. También considero clave hacer énfasis en que quien aspire a desempeñarse en los MASC cuente con un conocimiento pleno del Derecho Civil, como base para una intervención sólida y responsable.
Si queremos que los MSC sean una verdadera vía de justicia, deben dejar de verse como una opción secundaria.
Siembra de una cultura de paz desde la sede judicial
He observado en mi entorno avances importantes en la implementación de los MSC, especialmente en el ámbito institucional. Destaco un cambio de mentalidad dentro del Tribunal Superior de Justicia, que transita hacia un modelo innovador de justicia.
Lo tradicional está dando paso a un enfoque acorde con las reformas del Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares, donde antes de iniciar un juicio —a través de una lógica de tribunal multipuertas— se ofrece a las partes la alternativa de un método alternativo, e incluso durante el proceso judicial.
Esto representa un beneficio claro como política de Estado: la reducción de tiempos procesales y, al mismo tiempo, la siembra de una cultura de paz desde la sede judicial. Se privilegia el diálogo franco, constructivo y abierto como vía para la solución de conflictos.
Sin embargo, todavía persiste cierta resistencia cultural: muchas personas siguen asociando la justicia únicamente con un juicio. El reto sigue siendo cambiar esa mentalidad, pero cada caso atendido es una oportunidad para generar confianza.
En el acompañamiento se construye humanidad
Asumo mi rol como facilitador con una gran responsabilidad. No sólo acompaño procesos de solución de conflictos, sino que también contribuyo, desde mi espacio, a reconstruir el tejido social. Creo profundamente que cada diálogo que facilitamos es una semilla de paz.
Mi labor es generar un espacio seguro donde las personas puedan expresarse, escucharse y encontrar soluciones propias. No impongo, no decido; acompaño. Y en ese acompañamiento, se construye algo más grande que un acuerdo: se construye humanidad.
Además, considero que debemos difundir activamente la cultura de la paz mediante la promoción de una negociación basada en un diálogo franco y abierto. Es necesario procurar espacios en los medios oficiales para revertir la narrativa destructiva que predomina en muchos ámbitos, e impulsar una nueva forma de comunicación: más constructiva, más consciente. A través de la mediación, la justicia terapéutica y la justicia restaurativa, podemos posicionar un modelo de justicia colaborativa que enseñe nuevas formas de convivencia y fortalezca el sentido de comunidad.
Profesionalización porque los conflictos se vuelven más complejos
Hoy enfrentamos retos importantes. Uno de ellos es el reconocimiento pleno de nuestra labor, tanto a nivel social como institucional. También está el desafío de seguir profesionalizándonos en un contexto donde los conflictos se vuelven cada vez más complejos.
Es fundamental buscar perfiles congruentes para quienes ejercen como facilitadores: personas que realmente sean factores de cambio, nuevos liderazgos capaces de construir consensos y difundir la cultura de paz.
Asimismo, debemos salir de los espacios tradicionales y acercarnos a las colonias y barrios donde existen conflictos sociales, implementando herramientas como los círculos restaurativos para generar procesos comunitarios de diálogo y reconstrucción del tejido social.
La mediación debe ser activa, cercana y comprometida con la realidad social.
Debe sembrarse la cultura del diálogo desde la educación básica
Veo un futuro esperanzador para la mediación en México. Creo que poco a poco se irá consolidando como una vía natural para resolver conflictos. Para lograrlo, es fundamental sembrar la cultura del diálogo desde la educación básica y fortalecer la formación de quienes ejercemos esta labor.
También debemos abrirnos a nuevas herramientas y metodologías que amplíen nuestro alcance. Además, considero indispensable avanzar hacia una colegialización seria de los facilitadores, fomentar cursos de mediación en todas sus herramientas y generar mayor presencia en el ámbito legislativo. Es necesario impulsar reformas que contemplen la mediación como un paso obligatorio antes de iniciar un proceso judicial, lo que permitiría despresurizar los tribunales y fortalecer una cultura de solución pacífica de conflictos.
Estoy convencido de que el facilitador del futuro será un actor clave en la construcción de una sociedad más justa, más consciente y, sobre todo, más humana
FICHA CURRICULAR DEL AUTOR*
Licenciado en Derecho por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, campus Saltillo. Estudios de posgrado en Derecho Mercantil por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Maestría en Derecho Corporativo Internacional por la Universidad Iberoamericana. Diplomado en Formación de Mediadores y Conciliadores, así como el Diplomado en Habilidades Gerenciales, por el ITESM. Facilitador Público en Mediación y Conciliación del Centro de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias (CMASC) del Poder Judicial del Estado de Coahuila. Docente de la materia Medios Alternos de Solución de Controversias en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde también funge como coordinador de la Academia de Medios Alternos de Solución de Controversias.


