
El presente artículo fue publicado en la página 30, edición número 53, mes de junio, de revista Jurista, “Edición Especial de Mecanismos de Solución de Conflictos. Voces construyendo paz y diálogo en México”.
GIOVANNA CORTEZ MIRANDA
Primera Facilitadora especializada en adolescentes en materia federal en el Estado de Michoacán*.
Anteriormente, la carrera de derecho estaba enfocada en formar especialistas en el conocimiento y trámite de litigios en y ante los tribunales, por lo que mi ejercicio profesional comenzó con la postulancia y, durante ocho años en esa función, tuve a la vez el honor de desempeñarme como docente en la Facultad de Derecho de la UMSNH, de donde soy egresada.
Invariablemente, el compromiso que acarrea la formación de las y los futuros abogados te lleva a reflexionar acerca de los principios y valores que debemos inculcar a las nuevas generaciones, ya que el contexto en el que históricamente hemos desempeñado nuestra profesión ha estado marcado por un sentimiento alejado de ese concepto abstracto que es la justicia.
Así, me surgió la necesidad de mostrar que sí era posible encontrar la justicia en las leyes y que era nuestro deber hacer que la misma llegara a las personas. Sin embargo, ello implicaba un trabajo continuo para seguir buscando en un camino que en ocasiones parecía sólo una utopía.
En esa búsqueda, tuve la fortuna de desempeñarme como mediadora comunitaria en el Ayuntamiento de Morelia, Michoacán, hace 18 años, y es hasta entonces que, al estar en las mesas de diálogo y poner en práctica una metodología totalmente distinta a la empleada en los tribunales, descubrí que, en efecto, la ley puede servirnos para definir nuestros derechos y obligaciones, pero que la mejor forma de hacerlos valer es a través de una buena comunicación y de la concientización como comunidad respecto de nuestra capacidad de resolver nuestras diferencias si creamos juntas esa justicia que merecemos.
Posteriormente me desempeñé por varios años como Facilitadora Penal Federal en la FGR, por lo que estoy convencida hoy de haber encontrado en los MSC ese equilibrio entre una ley y la tan anhelada justicia que buscamos no sólo los juristas, sino la población en general.
Así que estoy convencida de que no es en los procesos judiciales, en los tribunales, en la ley, o en la Corte, sino en nuestra voluntad, en donde se encuentra la verdadera justicia, y que el ser mediadora es, por mucho, la mejor manera de ejercer la abogacía. De ahí que siempre he considerado que “el mejor abogado del día de mañana, no será quien gane más juicios, sino quien, a través de los MSC, logre que menos asuntos lleguen a los tribunales” y que “un buen abogado, es el que te acerca a mediar o conciliar, antes que incitarte a enfrentar un juicio”.
Socialmente debe haber convicción de que son la mejor forma de solucionar conflictos
El punto medular para el debido ejercicio de los MSC es, sin duda la persona facilitadora, por lo que considero que, desde la experiencia que tenemos después de décadas de la implementación de estos mecanismos, desde lo local a lo federal y nacional, se debe replantear el tema de la profesionalización, las facultades y atribuciones de las personas encargadas de su aplicación; pues si bien, en un inicio, uno de los grandes retos era difundir a plenitud la importancia y trascendencia de los MASC, a fin de que todo jurista lograra cambiar la percepción de la justicia y con ello se lograra un cambio de cultura en donde la aplicación del derecho se realizara siempre con un enfoque de mediación y conciliación, lo cierto es que ello no implicaba que toda persona involucrada en la administración y aplicación de la justicia debía mediar y conciliar, llámese juzgadores, notarios, policías, ministerios públicos, actuarios, secretarios, litigantes, etcétera.
Es decir, es importante que socialmente haya la convicción de que estos métodos revisten la mejor forma de solucionar conflictos, pero ello no equivale a que todas las personas tengan, per se, la vocación, la sensibilidad, la preparación, la formación y la capacitación para ser ese apoyo que las partes requieren en una mesa de diálogo, con independencia del número de asuntos que se les exija resolver.
Las prácticas en contrario ponen en riesgo el cumplimiento irrestricto de la naturaleza misma de los MASC y de los principios que los protegen, como son: la imparcialidad, la voluntariedad, la equidad, la flexibilidad y la legalidad. Por otra parte, no resulta positivo, organizacionalmente hablando, que a todas las partes se les dote de las mismas facultades y atribuciones.
Déficit de especialización y sensibilidad en los MSC para para niñas, niños y adolescentes
Considero que, en lo general, la práctica en los Centros de Mediación, ya sea en materia local y federal, ha cumplido el objetivo de sentar las bases para una adecuada implementación en las materias en las que recientemente se han ido adoptando. Sin embargo, es necesario detectar las amenazas que hoy enfrentan los MSC, pues se ha descubierto que, por privilegiar estadísticas institucionales, se ha llegado a burocratizar la práctica de los mismos, por lo que quisiera centrarme en el tema de los MSC para adolescentes.
Al respecto, considero que, pese a la obligación constitucional y a los grandes esfuerzos para su aplicación por el sistema integral, a la fecha, no sólo no se han visto materializados los esfuerzos en la especialización de los actores que intervienen en dicho sistema, sino que, además, no se cuenta con personal debidamente comprometido y con sensibilidad necesaria en el trato con niñas, niños y adolescentes, porque no basta con la difusión y capacitación en la materia, sino que debe haber perfiles con vocación para trabajar con las personas que se encuentran en plena etapa de desarrollo pero, desafortunadamente, las estadísticas dan muestra del número de asuntos que efectivamente se atienden vía MSC tanto en nivel local, como federal, y se evidencia poco avance en la materia.
Vivir una cultura de paz en el país implica tener sentido de comunidad
Desde mi percepción, creo que quienes somos mediadores por vocación, es porque nos encontramos ya en una fase en la cual hemos logrado avanzar no sólo a nivel profesional, sino a nivel personal, por lo que estamos convencidos de que, si hay algo que puede llevarnos a vivir la cultura de paz en todo el país, es el sentido de comunidad.
Cuando seamos capaces de reconocernos y ejercer como miembros de una comunidad, estaremos preparados para formar nuevas generaciones con una forma distinta de convivencia; entonces, y sólo entonces, podremos vivir en paz, no lejos de los conflictos, sino sabiendo resolverlos de la mejor manera.
Un reto es la especialización para lograr legitimidad
Considero que el principal reto tiene que ver con la protección de los MSC respecto de las malas prácticas que han surgido, entre muchos motivos, por la exigencia de dar resultados institucionales más allá de resultados comunitarios.
Siendo un tema que erróneamente se suele considerar “novedoso”, se ha llegado a confundir su aplicación como un modo superficial de ofrecer a las partes la posibilidad de resolver un conflicto sin enfrentar un proceso judicial, esto, buscando “arreglos” entre las partes, pero dejando a un lado la metodología, la vocación, las herramientas necesarias, la importancia de la proxemia, la comunicación asertiva y, más preocupante aún, la capacitación profesional de quien pretende mediar un asunto.
Si bien la mediación puede estar presente en cualquier área, lo cierto es que el compromiso que nace de un acuerdo o convenio, debe pasar por el tamiz de la legitimidad, para lo cual estaríamos pensando, incluso, en la especialización por materia de la persona facilitadora.
No desnaturalizar los MSC sólo por capitalizar
Lamentablemente, la evolución de la figura de la persona facilitadora ha recibido una influencia tanto positiva como negativa. Es decir, por una parte, hemos visto el empeño y compromiso de los que iniciaron con la capacitación e implementación de los MSC en nuestro país, quienes, convencidos de las ventajas que supondría una nueva forma de abordar el acceso a la justicia, comenzaron por privilegiar la vocación sumada a la sensibilización y concientización de los intervinientes para que se llegara, así, a un cambio verdadero de cultura, de la cultura de paz.
Pero, por otro lado, en ese camino, como suele pasar en todos los espacios en donde convergen necesidades de diferentes tipos, han surgido quienes considerándolo “algo novedoso” vieron en los MASC, una oportunidad profesional y laboral, haciendo a un lado la naturaleza de los mismos para buscar las ventajas procesales, académicas, laborales y hasta económicas; por lo que hemos llegado a un punto en donde se corre el riesgo de burocratizar, politizar y capitalizar los mismos, lo que traería como consecuencia su descrédito ante las personas.
FICHA BIBLIOGRÁFICA DE LA AUTORA*
Licenciada en Derecho por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). Estudios de especialidad y maestría. Especialista en MASC para Adolescentes en Conflicto con la Ley, por la PGR e INACIPE. Catedrática en la UMSNH, UTM y otras instituciones. Docente certificada en el ITESM, capacitadora en MASC en instituciones como la FGR, Fiscalía General de Justicia de Michoacán, Academia Regional de Seguridad Pública del Noroeste, entre otras. Jefa del Departamento de Mediación en el Ayuntamiento de Morelia. Facilitadora Penal Federal en la FGR, donde obtuvo el primer lugar de aprovechamiento a nivel nacional en el primer curso de certificación para facilitadores. Primera Facilitadora especializada en adolescentes en materia federal en el Estado de Michoacán. Fue Presidenta del Colegio de Abogadas de Michoacán. Articulista y ponente en diversos foros nacionales e internacionales y activista en el tema de derechos de género.


