
Doctorante Paola Mariana Estrada García
Formación especializada en mediación, conciliación y justicia restaurativa, con certificaciones nacionales e internacionales.
Crecí, como muchas mujeres mexicanas, en un entorno donde los paradigmas tradicionales nos exigían luchar por la igualdad, reclamar espacios y abrirnos paso en estructuras históricamente masculinizadas. Desde pequeña escuché que debíamos luchar, pero sobre todo construir un mejor lugar donde vivir, buscar mejores condiciones de vida, y esas palabras se convirtieron en un llamado que marcó mi camino.
Mi formación profesional consolidó esa sensibilidad inicial. Soy Licenciada en Derecho con mención honorífica, y posteriormente cursé dos maestrías: Derecho Procesal Laboral y Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias en Materia Penal. Más tarde obtuve la Especialidad en Mediación Energética, gracias a una beca nacional CONACYT, lo que me permitió formarme en México y en el extranjero. Hoy soy Doctora Honoris Causa y me encuentro en proceso de titulación del Doctorado en Derecho Procesal Laboral.
Mi vocación como mediadora y facilitadora se forjó a partir de esa combinación profunda entre mi historia personal, mi formación académica y más de dos décadas de trabajo institucional en favor de la paz, y se fortaleció al certificarme en México, Estados Unidos, Argentina y la Unión Europea en mediación, conciliación, justicia restaurativa y negociación.
Cada certificación representó no sólo un logro académico, sino un compromiso ético con la construcción de paz. Comprendí que los conflictos humanos, aunque diversos, comparten raíces profundas que pueden transformarse mediante el diálogo, la empatía, la compasión humana, la alteridad, pero, sobre todo, en buscar hacer siempre lo correcto.
Mi trayectoria profesional —más de 20 años en los ámbitos jurídico, académico, institucional y social— me llevó a desempeñar roles clave: mediadora, conciliadora, facilitadora restaurativa, jefa de justicia alternativa, jefa de mecanismos alternativos en la escuela judicial y, en los últimos años, como directora estatal de MASC, titular de Certificación y Mediación Privada, directora general de Conciliación Laboral y delegada en distintos municipio dentro del Estado de Quintana Roo, por cierto, este último pionero de la primera Ley de Justicia Alternativa de nuestro país en 1997.
Cada uno de estos espacios me reafirmó que la “Cultura de la Paz” para resolver conflictos no es sólo una técnica jurídica, sino una forma de vida: un acto de humanidad que exige presencia, sensibilidad y compromiso, que sin lugar a duda nos lleva a alcanzar la dignidad humana.
Por ello afirmo que soy mediadora, pacificadora por elección, por vocación y por convicción. Mi vida profesional y personal se entrelaza con la certeza de que la paz es un derecho humano, no sólo porque así lo dicta nuestra Constitución mexicana, sino porque, además, la justicia debe ser profundamente humana.
Mecanismos de paz deben ser accesibles, confiables y culturalmente pertinentes
Mi participación en espacios legislativos y en procesos de reforma me ha permitido constatar que la Ley General de MASC representa un avance significativo, pero aún requiere fortalecerse para responder a la complejidad social del país. He participado en dos reformas estatales y en mesas nacionales para la construcción de la Ley General, y sé que la ley debe seguir evolucionando para garantizar que los mecanismos de paz sean accesibles, confiables y culturalmente pertinentes.
Es indispensable reforzar la profesionalización de quienes facilitan procesos, asegurar que las instituciones cuenten con recursos suficientes y garantizar que la ciudadanía comprenda los beneficios de los MASC. También considero fundamental ampliar el reconocimiento de modalidades como la mediación comunitaria, escolar, indígena y virtual, así como consolidar la figura de los abogados colaborativos, quienes se incluyen como parte de la solución y no sólo del problema.
Considero firmemente que debiera haber más mediadores que jueces en cualquier entidad. Cuánto marcaría la diferencia.
La ley debe avanzar hacia un enfoque de derechos humanos, perspectiva de género e interculturalidad, asegurando que los procesos jurídicos, ya sea tradicionales o alternativos, no reproduzcan desigualdades, sino que contribuyan a erradicarlas.
Quintana Roo, pionero en derecho colaborativo, mediación electrónica y legislación
Mi experiencia en Quintana Roo —estado en el que resido desde hace más de 21 años— ha sido un laboratorio vivo de construcción de paz, desde hace ya casi 29 años del surgimiento de la primera ley. Aquí he tenido la oportunidad de participar en procesos pioneros, enfrentar resistencias culturales y contribuir a la consolidación de modelos institucionales que hoy son referentes nacionales como el derecho colaborativo que se gestó por primera vez en una ley, esto en 2021, anticipándose a la ley general hoy vigente; o la mediación electrónica, que también fue uno de los primeros estados del país en desarrollarla.
Uno de los momentos más significativos de mi trayectoria fue convertirme en la primera facilitadora de procesos restaurativos en materia de adolescentes.
Acompañar a jóvenes en conflicto con la ley penal implicó enfrentar una fuerte resistencia social: muchos no comprendían que la justicia restaurativa no busca impunidad, sino responsabilidad, reparación y no repetición. Sin embargo, con trabajo constante logramos abrir espacios de diálogo, reconocimiento y reconciliación.
Como directora estatal del Centro de MASC del Poder Judicial de Quintana Roo, me tocó implementar el nuevo sistema de justicia penal, luego de la reforma constitucional en materia “MASC”. He participado activamente en las reformas de la Ley de Justicia Alternativa de Quintana Roo en 2014 y 2021, impulsando la profesionalización de operadores, la expansión de modalidades de mediación y la incorporación de enfoques restaurativos y colaborativos, así como, por primera vez en nuestro estado, senté las bases de la mediación privada, que hoy es una realidad.
También representé al sureste mexicano en la CONATRIB y en mesas del Senado para la Ley General de MASC, desde los primeros proyectos que se gestaron hasta las últimas fechas, mediante parlamento abierto, en acciones que se llevaron a cabo a lo largo y ancho de nuestro país, ley que vio la luz precisamente en enero del 2024.
Mi mayor reto institucional llegó con la implementación de la Reforma Laboral, cuando fui nombrada la primera directora general del Centro de Conciliación Laboral de Quintana Roo.
Liderar la transición hacia un sistema de justicia laboral multipuertas implicó diseñar modelos, capacitar operadores, crear infraestructura y sensibilizar a la ciudadanía sobre la conciliación como vía primaria, llevando a mi estado a tener hasta el 95% por ciento de éxito de los conflictos que se presentaron ante los centros de conciliación, y que se resolvieron precisamente en esta instancia. Es decir, el conflicto no se judicializó, lo cual es, por todos sabido, lo que representa económicamente, pero sobre todo moralmente, para el sector obrero patronal.
Este proceso marcó un precedente nacional y permitió que miles de personas accedieran a una justicia más rápida, humana y digna.
Además, he tenido la oportunidad de implementar y fortalecer MASC en estados como Morelos, Sonora, Veracruz, Tabasco, Campeche, Baja California Norte y Chihuahua, así como capacitar a instituciones como Derechos Humanos, Seguridad Pública, Juzgados Cívicos y Centros de Conciliación Laboral en todo el país.
Retos actuales: persistencia de resistencias culturales, falta de sensibilización ciudadana, necesidad de profesionalización institucional, desigualdad de género y la urgencia de llevar los MASC a comunidades rurales e indígenas con acceso precario a la justicia alternativa.
Avances: más de 800 operadores capacitados en diversas materias, siendo la familiar, civil y comunitaria las más desarrolladas; la consolidación del modelo de conciliación laboral; el fortalecimiento institucional del Centro de Justicia Alternativa y sus delegaciones en Quintana Roo, así como la creación del Colegio de Mediadores y Conciliadores por una Cultura de Paz, pionero en nuestra entidad.
Necesario diseñar rutas que permitan relaciones más dignas, respetuosas y pacíficas
Mi papel como facilitadora es ser puente, ser escucha y ser guía; ser un instrumento para la paz. La paz no se impone: se construye. Y, para ello, es necesario diseñar rutas que permitan relacionarnos de manera más digna, respetuosa y pacífica. Como mediadora, mi responsabilidad es crear espacios seguros, donde todas las voces sean escuchadas, especialmente las de quienes históricamente han sido marginadas.
Creo firmemente que la paz no se negocia, es un derecho humano al que debemos acceder dignamente. Por ello, mi labor implica promover la igualdad, la no discriminación y la erradicación de cualquier forma de violencia. También implica sensibilizar a las comunidades sobre la importancia de la participación plena de las mujeres en la toma de decisiones y en los procesos de resolución de conflictos.
Desafíos actuales en la mediación
Los retos son múltiples y complejos. En lo público, enfrentamos limitaciones institucionales, falta de recursos, resistencia cultural y estructuras de poder que aún reproducen desigualdades. En lo privado, lidiamos con la falta de reconocimiento social y con la idea errónea de que la mediación es un proceso secundario o menos importante que la vía judicial.
A ello se suma la brecha de género: muchas mujeres aún vivimos jornadas laborales extenuantes, seguidas de responsabilidades domésticas que evidencian la persistente de desigualdad cultural, económica y laboral. No todas las mujeres facturan, y esa frase resume una verdad dolorosa sobre la desigualdad que aún enfrentamos.
La paz, protagonista para la convivencia y cohesión social
Visualizo un futuro en el que la “Cultura de la Paz” en todos los sectores, educativos, sociales, institucionales, laborales, comunitarios entre otros sea reconocida como una herramienta esencial para la convivencia y cohesión social. La sociedad mexicana avanza hacia una cultura de paz, muy lentamente, por cierto, pero hay esperanza ya que aún existimos personas conscientes de este contexto y sé que en algún momento “la paz” será la protagonista en ese proceso.
Para consolidar nuestro reconocimiento como pacificadores, es necesario fortalecer la formación profesional y ética, por supuesto; ser proactivos para impulsar reformas legales, incluso de ese proceso de mejora que debiera tener la reciente “Ley General MASC” y, no por último menos importante, sensibilizar a la ciudadanía, garantizar instituciones sólidas y promover la participación plena de todos y todas en la toma de decisiones.
La paz de nuestras comunidades no será perfecta, pero estará más cercana cuando veamos a la mediación como una vía de encuentro y entendimiento entre los seres humanos, no olvidemos que: ¡LA PAZ SE CONSTRUYE DESDE NUESTRO METRO CUADRADO!
FICHA BIBLIOGRÁFICA DE LA AUTORA*
Licenciada en Derecho con Mención Honorífica. Dos Maestrías. Formación especializada en mediación, conciliación y justicia restaurativa, con certificaciones nacionales e internacionales. Posee más de 20 años de experiencia en los ámbitos jurídico, académico e institucional, destacando como mediadora, capacitadora y conferenciante internacional.
Ha liderado proyectos estratégicos de justicia alternativa y participado activamente en reformas legales en Quintana Roo y a nivel nacional. Ha implementado y desarrollado centros de mediación y conciliación laboral, formando a operadores en México y otros países.
Se ha desempeñado en diversos cargos directivos dentro del Poder Judicial y Centros de Conciliación Laboral. Es fundadora del Colegio de Mediadores y Conciliadores por una Cultura de Paz en Quintana Roo y ha recibido reconocimientos por su aportación al fortalecimiento de los MASC.


