
Por Si Estaban con el Pendiente
Quetzalli Carolina Vázquez
¡Ya estuvo suave!
Hace exactamente un año Veracruz protagonizó uno de los episodios más bochornosos de su historia electoral reciente. Y lo peor es que estamos a unos cuantos meses de que inicie un nuevo proceso electoral.
Otro en el que los ciudadanos tendrán que depositar su confianza en las mismas instituciones que hace un año fueron incapaces de explicar con claridad qué estaba ocurriendo mientras el sistema encargado de procesar los resultados de la elección judicial se convertía en noticia nacional.
Primero dijeron que el sistema se había caído y después dijeron que no, que en realidad había sido detenido porque la sumatoria de votos presentaba inconsistencias y estaba generando resultados erróneos.
Pasaron los días, los resultados tardaron, las explicaciones cambiaron, tuvieron que sumar votos manualmente, la confianza se desplomó y Veracruz quedó exhibido ante el país porque mientras otras entidades lograban sacar adelante procesos similares sin escándalos de esa magnitud, aquí no se sabía si se podía confiar en los resultados.
La crisis alcanzó niveles insospechados, porque cuando una autoridad electoral deja de generar certeza, comienza a generar sospechas y cuando las sospechas ocupan el lugar de la confianza, la credibilidad entra en crisis.
Durante aquellos días también surgieron cuestionamientos sobre el origen, diseño y operación del sistema utilizado para la sumatoria de votos; circularon versiones, señalamientos y dudas que jamás fueron despejadas de manera contundente ante la opinión pública.
Y ese fue precisamente el problema porque cuando una autoridad electoral no logra ofrecer respuestas claras, las dudas ocupan el espacio de las certezas; cuando faltan explicaciones, aparecen las sospechas y cuando las sospechas sobreviven durante meses o años, el daño institucional llega a ser irreparable.
Mientras las preguntas crecían, desde el propio Consejo General llegaba una respuesta que con el tiempo terminaría convirtiéndose en símbolo de aquella crisis:
“¡Ya estuvo suave!” La frase fue pronunciada una y otra vez por el entonces consejero electoral Quintín Antar Dovarganes Escandón durante una sesión pública en la que respondió con evidente molestia a los cuestionamientos dirigidos al OPLE.
Parecía que el problema eran las críticas, las preguntas, los periodistas, los candidatos y los ciudadanos que exigían explicaciones y no el organismo electoral que fue incapaz de cumplir con su obligación de dar certeza y legalidad.
Un año después las preguntas siguen ahí…. ¿Qué concluyeron las auditorías prometidas? ¿Quién fue responsable de las inconsistencias detectadas? ¿Quién desarrolló el sistema? ¿Quién lo supervisó? ¿Quién rindió cuentas por uno de los episodios más graves en la historia reciente del organismo? ¿Por qué un año después Veracruz sigue sin tener respuestas claras?
Y quizá la pregunta más importante de todas: ¿Mantendrán al frente del OPLE Veracruz a Marisol Delgadillo con todo y sus errores en la elección judicial pasada o quién la reemplazará?
Estamos a unos meses de que Veracruz entre nuevamente en modo electoral, otra vez campañas, otra vez candidatos, otra vez votos, otra vez el OPLE pidiendo confianza ciudadana Pero debiendo explicaciones.
Los consejeros electorales deben recordar que la confianza no se impone, no se exige, no se decreta; se construye y también se pierde y hace un año el OPLE Veracruz perdió una parte importante de ella.
Doce meses después, todavía no queda claro quién ni cómo piensan recuperarla; y sí, quizá Quintín tenía razón… Ya estuvo suave, pero ya estuvo suave de explicaciones incompletas, de versiones contradictorias, de organismos que piden confianza mientras siguen sin responder preguntas fundamentales.
Porque si a las puertas de un nuevo proceso electoral seguimos hablando de lo que ocurrió hace un año, entonces el problema no solo es la falta de profesionalismo, certeza y legalidad sino la falta de respuestas, esas respuestas que, hasta hoy, siguen sin aparecer.
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