La mediación a través del cine: una mirada a la película Siete Años

Alberto Villegas Cabello

Abogado y Mediador

Es muy común encontrar, dentro del mundo del cine, películas relacionadas con el ejercicio de la abogacía, particularmente aquellas en las que los abogados litigan ante los tribunales representando los intereses de sus clientes o participan en juicios de carácter penal. En algunas películas también aparecen escenas relacionadas con la negociación dentro de las tramas judiciales. Recuerdo, por ejemplo, dos clásicos del género: El Veredicto, protagonizada por Paul Newman, y Acción Civil, con John Travolta y Robert Duvall. Sin embargo, es poco frecuente encontrar en la pantalla grande historias que aborden directamente el tema de la mediación. Por ello, llamó mi atención que, aproximadamente un mes y medio atrás, algunos compañeros mediadores comenzaran a recomendar en redes sociales una película española titulada Siete Años, producida por Netflix.

La película Siete Años se estrenó a finales de octubre del 2016 y fue dirigida por Roger Gual, con guion de José Cabeza y Julia Fontana. El reparto está integrado por Alex Brendemühl, Juana Acosta, Paco León, Juan Pablo Raba y Manuel Morón. La película ha recibido buenos comentarios en redes sociales, particularmente por la claridad de sus diálogos y por las actuaciones de sus protagonistas, que mantienen al espectador en suspenso a lo largo de la trama. Además, presenta una situación que, aunque desarrollada dentro de una historia cinematográfica, tiene elementos que pueden trasladarse a situaciones que ocurren en la vida real.

El tema central de la película gira en torno a cuatro socios de una empresa que enfrentan un problema relacionado con la declaración y el pago de impuestos ante la Hacienda Pública. Al no haberse realizado determinados reportes a las autoridades fiscales, se inicia una investigación de carácter judicial y, como consecuencia, existe la posibilidad de que se determine responsabilidad penal entre los socios. Ante esta situación, surge un problema fundamental: alguien tendrá que asumir las consecuencias y enfrentar una posible pena de siete años de prisión. Es entonces cuando solicitan los servicios de un mediador, con el propósito de encontrar una solución y determinar quién estaría dispuesto a asumir las consecuencias de aquella situación.

Por otro lado, la película muestra una dinámica general de algunos principios de la mediación, así como las reglas que deben observarse durante el proceso y la manera en que el mediador incentiva la participación de las partes en conflicto. Un aspecto particularmente interesante es la forma en que el mediador ejerce y, al mismo tiempo, distribuye su liderazgo mediante la creatividad. Un ejemplo de ello es la utilización de las piezas de ajedrez como recurso para representar e identificar a cada uno de los mediados y las posiciones que ocupan dentro del conflicto.

Dentro de la trama, el papel del mediador adquiere especial importancia, ya que conduce a los mediados a través del proceso, explicando sus alcances y efectos. Asimismo, aborda los principios que rigen la mediación y orienta su intervención mediante la conocida parábola de la naranja, un recurso frecuentemente utilizado por los capacitadores para explicar la diferencia entre posiciones, intereses y necesidades. A partir de esta dinámica, la película muestra cómo se desarrolla el conflicto entre los participantes, con los inevitables altibajos que pueden presentarse durante un proceso de mediación.

Por tal razón, considero que Siete Años ofrece un mensaje interesante para quienes aspiran a convertirse en facilitadores, pues permite obtener una idea general de la mediación como método alternativo de solución de controversias y, al mismo tiempo, observar una situación extrema en la que pueden identificarse diversas áreas de oportunidad para la intervención del mediador.

Del mismo modo, la película ofrece un enfoque de carácter corporativo y organizacional, al mostrar las dificultades que pueden surgir en las relaciones entre socios cuando existen intereses económicos, responsabilidades compartidas y decisiones que pueden poner en riesgo la continuidad de una empresa.

Finalmente, más allá de la trama cinematográfica, Siete Años permite reflexionar sobre la importancia de la mediación como una herramienta para enfrentar conflictos complejos. La película muestra que mediar no significa simplemente encontrar un acuerdo, sino generar las condiciones para que las partes puedan escucharse, reconocer sus intereses y necesidades y, a partir de ello, construir una posible solución. Para quienes nos dedicamos a la mediación, el cine también puede convertirse en un espacio de aprendizaje, reflexión y análisis de nuestra propia práctica profesional.

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