
Observatorio Constitucional
José Ramón González Chávez
La soberanía es la institución política medular de todo sistema democrático; alrededor de ella se construye y sostiene todo el edificio constitucional; su propia etimología latina: “super-omnia”, implica, por un lado, desde un punto de vista interno, un poder que está por encima de cualquier otro dentro del Estado y por otro, desde la perspectiva externa, un poder que se encuentra en una posición de igualdad frente a los demás Estados miembros de la comunidad internacional y de esta forma participar en la toma de decisiones globales.
Al interior, la soberanía permite al Estado -esa entidad jurídica-política-social compuesta por población, territorio y poder público- autodeterminarse, es decir, definir su forma de ser, su Constitución, su ser, deber ser y querer ser como nación; pero también le posibilita el autolimitarse, esto es, definir su marco normativo tanto de derechos fundamentales, como de actuación del poder público y sus órganos para garantizarlos.
El artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es de los pocos que no han sufrido modificación desde la promulgación de la de 1824: desde entonces ha sido claro en cuanto a quién es el titular de la soberanía y postula textual:
“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.
Vale mencionar que la Carta Magna entiende por el Pueblo del Estado, aquella parte de la población que cuenta con plenos derechos políticos; el padrón electoral pues, que comprende en la actualidad más de 108 millones de ciudadanos, cantidad mayor al 80% de todos los mexicanos.
Pero también es importante mencionar que la soberanía nacional no solo tiene una connotación meramente jurídica. Por haberle dado el constituyente el adjetivo de “nacional” adquiere también un carácter protector de todo lo que tiene que ver con nuestra identidad como país. Entonces la soberanía de México nos pertenece a todos los ciudadanos mexicanos y solo nosotros podemos definirla y precisar sus contenidos y alcances.
Por eso es verdaderamente vergonzoso oír a los “políticos” mentar con tanta ligereza a la soberanía, sobre todo derivado de acontecimientos recientes; de verdad, me quedo perplejo por la gran ignorancia que exhiben sobre un precepto de tanta importancia para la vida constitucional.
La titular del ejecutivo federal tiene pésimos asesores -al menos es lo que muestra- que no le aconsejan sobre el correcto uso del concepto, que la dejan vacía de argumentos para poder defender en términos de soberanía externa sus posicionamientos como jefe de Estado ante los demás países, principalmente Estados Unidos. No han sido capaces de hacerle entender que tan soberano es un país como otro y que en ejercicio de su soberanía interior puede establecer y aplicar reglas sobre quien entra a su país.
Peor aún, los actos del hijo del expresidente anterior, que al haberle retirado la visa, lo cual por su naturaleza es una decisión unilateral del gobierno norteamericano, quien -igual que su padre- no es más que un ciudadano como todos, pero que reacciona de manera infantil y verdaderamente estúpida, arrogándose atribuciones que no tiene, elabora una carta para el Presidente Trump (aunque realmente se la mandó a la base electoral de su movimiento) en la que despepita una serie de sandeces, la más inaudita de ellas asumiéndose con depositario de la soberanía nacional, comparándola con el estatus de su calidad migratoria en EU, falacia que secundan también no pocos de sus secuaces. Con estos políticos, pobre país…


