La descentralización, otra de las grandes mentiras

Observatorio Constitucional

José Ramón González Chávez

Uno de los temas clásicos a nivel global de un verdadero gobierno de izquierda es el de la descentralización del quehacer público, simplemente, simplemente porque este estilo de gestión pública permite la distribución del poder y obviamente de las responsabilidades y con ello un ejercicio gubernamental más democrático .

Apenas a una semana de las elecciones de 2018, AMLO anunciaba ante líderes de la Concamin su “Plan para descentralizar Dependencias y Entidades” bajo la premisa de “que el fin es que haya desarrollo parejo en todo el territorio” pues los estados del norte, centro y occidente crecen más mientras que los del sur están estancados o de plano han decrecido.

A más de ocho años de esa declaración, como especialista en Administración Pública y desarrollo regional me siento comprometido precisar al menos tres aspectos técnicos fundamentales sobre el tema y que son muestra de este fracaso tan poco abordado dentro de las grandes pifias del gobierno federan anterior y actual:

1. El término “descentralización” fue totalmente inadecuado por ignorante.

La Ley Orgánica de la Administración Pública Federal prevé en su artículo 1° que ésta es Centralizada y Paraestatal; la primera integrada por Dependencias (Secretarías de Estado, Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal y Órganos Reguladores Coordinados, además de que también en este rubro técnicamente están los Departamentos que desde mi opinión erróneamente han desaparecido) y la segunda por Entidades (organismos descentralizados, empresas de participación estatal, instituciones y organizaciones auxiliares nacionales de crédito, instituciones nacionales de seguros y fianzas y fideicomisos públicos).

La figura inventada por el presidente anterior de los virreyes estatales, provocó una contraposición o duplicidad -o triplicidad- con el régimen jurídico, administrativo y de gestión frente a las Dependencias en las entidades federativas donde en un acto de mera simulación fueron reubicadas las secretarías.

2. La realidad demostró que la mera presencia de una Secretaria en la capital de un estado no provocó por sí misma el desarrollo en una entidad federativa.

Independientemente de lo que haya querido significar el término “crecimiento parejo” el ejecutivo federal lejos de impulsar el desarrollo regional no a partir del aumento de la burocracia federal en los territorios estatales, ni del relanzamiento de la participación transversal de las dependencias y entidades para acompañar los proyectos y programas locales prioritarios se prefirió nombras “Super delegados” sin estructura como simples espías y virreyes que solo se han dedicado a aplicar disposiciones centrales.

3. La medida nunca reunió las características requeridas para ser considerada técnicamente un “Plan”.

Desde hace ocho años no existió nunca un verdadero Plan que tome en cuenta las estimaciones para recibir a miles de trabajadores con sus familias, cuyos miembros necesitan escuelas, hospitales, vías de comunicación, transportes, mercados, servicios urbanos, compatibilidad en caso de que haya en la familia quienes trabajen en diferentes dependencias o entidades federales, implicaciones culturales de adaptabilidad, entre otros muchos temas delicados de los cuales por cierto se ha prescindido de consulta, tanto ciudadana como de especialistas y de los organismos públicos, estados y municipios y afectados.

Esta es uno de los grandes fracasos de la retórica populista del anterior gobierno y el actual que costó miles de millones de pesos despliegue de recursos, etc. y del cual -repito- se habla poco pero que dañó mucho la gestión pública gubernamental.

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