
Formarnos como mejores docentes, para formar mejores profesionistas en tiempos de “IA´s”
Diana Gabriela Campos Pizarro
Mediadora privada certificada por el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.
Feliz de iniciar un nuevo semestre en la Facultad de Derecho de la UNAM. Este semestre el grupo es muy numeroso y me emociona pensar que cada mañana tendré la oportunidad de compartir con alumnas y alumnos un espacio distinto de aprendizaje. Esa emoción me llevó a seguir buscar y construir una forma de enseñar que no solo transmitan contenidos, sino que generen experiencias significativas.
Así desde hace ya algunos semestres he venido trabajando con lo que llamo círculos de aprendizaje, inspirados en la filosofía de la justicia restaurativa y los círculos de paz. Sé que puede parecer contracultural, sobre todo en una escuela de derecho donde históricamente se nos enseñaba que nuestro “contrario” podía estar sentado justo al lado. Pero precisamente por eso me parece tan valioso: estos círculos se convierten en espacios de comunicación y confianza que, aunque parezcan un pequeño cambio, estoy convencida de que poco a poco generan transformaciones profundas.

En la primera clase siempre les pido que se levanten de sus pupitres alineados en filas y que los acomoden en círculo. Al principio se miran entre ellas y ellos, dudan unos segundos, pero cuando me ven mover un pupitre y sentarme, comienzan a hacerlo también. En ese momento les explico que este método tiene tres objetivos fundamentales: autoconocimiento, construcción de comunidad y confianza para hablar en público. Son habilidades que considero indispensables para cualquier profesional del derecho, y más aún en la tendencia actual de los juicios orales.
Para lograrlo, les presento los elementos que guiarán nuestro trabajo: el objeto del habla, las preguntas como corazón de los círculos, la escucha activa, la voluntariedad y la confidencialidad, entre otros principios y herramientas que iremos practicando a lo largo del semestre.
Mi inspiración para llevar esto al aula viene de la justicia restaurativa. Primero tomé cursos en línea sobre círculos de paz y, hace unas semanas, tuve la fortuna de asistir a un taller intensivo presencial con el Maestro Héctor Valle. Esa experiencia me confirmó que lo que estoy implementando es, en realidad, un programa de enseñanza en círculos: distinto de los procesos restaurativos que se aplican en contextos de víctima y ofensor, pero igualmente poderoso para fortalecer la comunidad y propiciar procesos profundos de autoconocimiento.
En estas clases avanzamos con el temario oficial: conceptos, autores, leyes y códigos. Pero lo hacemos siempre en círculo, sumando el aprendizaje basado en casos. Les comparto experiencias reales de mi práctica como abogada y mediadora, y también les enseño herramientas de los Mecanismos de Solución de Conflictos (MSC): escucha activa, parafraseo, lenguaje verbal tono tiempo y tacto, así como el lenguaje corporal. Todo esto nos permite analizar situaciones reales, reflexionar críticamente y aplicar el conocimiento de manera práctica y cercana.
Porque enseñar derecho nunca ha sido fácil. Es una disciplina compleja, a veces árida, llena de conceptos abstractos, leyes y artículos que pueden parecer lejanos para quienes apenas se acercan al estudio jurídico. Los círculos de aprendizaje buscan justamente acercar el derecho a la experiencia humana, hacerlo más comprensible y significativo.
Y sobre todo hoy, en tiempos de las IA´s, necesitamos detenernos a preguntarnos: ¿qué nos toca como docentes y qué les toca a nuestras y nuestros estudiantes? Enseñar derecho o cualquier otra disciplina implica mucho más que transmitir contenidos. Implica crear experiencias de aprendizaje que transformen, que sean significativas, que conecten y dejen huella, que inviten a pensar, reflexionar e incluso a sentir.
En este mismo espíritu, la UNAM lanzó recientemente una convocatoria para docentes en el marco del EvaluaFEST 2026, con varios ejes temáticos. En mi caso, desarrollé y envié un trabajo en el eje de Ética y pensamiento crítico en la evaluación del aprendizaje con IA. Y apenas dos semanas atrás, la Facultad de Derecho convocó a un curso-taller sobre usos éticos y responsables de la IA en la enseñanza del derecho. El mensaje es claro: ya no es tiempo de resistir ni criticar su uso, sino de aprender a integrarla como herramienta provechosa para desarrollar nuevas habilidades.
Si miramos hacia atrás, en un pasado muy reciente, las IA´s ya estaban presentes en nuestra vida cotidiana: llamadas telefónicas automatizadas, plataformas de compras, redes sociales. Lo que observo hoy como el gran cambio es su uso individual y masivo, con acceso inmediato a contenidos digitales y capacidad de procesar información en segundos. Esa es la parte positiva: creatividad, rapidez y apoyo en la toma de decisiones.
Entonces no se trata de prohibir ni satanizar. Se trata de ver cómo integramos las IA´s en la enseñanza y práctica del derecho. Como docentes necesitamos aprender de cada IA, comprender para qué sirve, qué nos puede ayudar a generar, qué nos puede ayudar a explicar mejor un concepto, y acompañar a nuestras y nuestros estudiantes en esta nueva era.
Claro, también debemos alertar de los riesgos. El exceso de información puede llevar a que los y las estudiantes no razonen ni lean en profundidad. Y el día que deban defender un caso frente a una persona juzgadora, ¿podrán hacerlo si nunca ejercitaron el razonamiento jurídico? Las IA´s pueden ser útiles para sintetizar información y mejorar redacción, pero no sustituye el proceso de aprendizaje consciente ni la responsabilidad profesional.
Así que, querid@ alumn@, entre más sepas, más podrás sacar provecho de las IA´s. Evitemos lo que escuché en el curso-taller de mi alma mater: el aprendizaje fantasma. Más bien, apoyémonos en las IA´s para diagnosticar, acompañar, dirigir, guiar y verificar.
Te comparto una vivencia reciente: una clienta me pidió asesoría por WhatsApp mientras yo terminaba de escanear un expediente en tribunales familiares. Le pedí un par de horas para responderle, pero minutos después me dijo que ya no era necesario, porque había consultado a Google. Sí, era una cuestión técnica y seguramente la IA le dio una respuesta acertada. Pero si se tratara de un asunto de mayor profundidad, el riesgo de que la respuesta fuera incorrecta o “alucinada” habría sido mucho mayor.
Como nos explicó la Maestra Rocío Ovilla Bueno en el curso-taller, la IA puede ser complaciente: puede dar una respuesta correcta, pero quizá aplicable a otro país, o incluso inventar leyes, jurisprudencia o atribuir conceptos o reflexiones a un autor que nunca las dijo, ni las escribió. Por eso necesitamos aprender a usarla con criterio, con conciencia de sus límites y riesgos.
Me parece que ahora los docentes debemos empezar a conocer las diferentes plataformas de IA´s y sumarlas como apoyo transversal en la enseñanza del derecho, no como materia aislada. Igual que los Mecanismos de Solución de Conflictos (MSC), que deben atravesar toda la formación profesional y no verse como herramientas excepcionales. La IA y los MSC son instrumentos flexibles y útiles, siempre que se empleen con ética, conciencia de riesgos y respeto a la privacidad.
La enseñanza del derecho en tiempos de IA´s exige que las y los estudiantes sigan adquiriendo conocimientos precisos, ejerciten el razonamiento profundo y asuman sus propias decisiones. La IA´s pueden acompañar, pero nunca sustituir la responsabilidad humana en la práctica jurídica.
Gracias, de nueva cuenta, a la Dra. Sonia Venegas Álvarez y a todo su equipo en la Facultad de Derecho de la UNAM, por la oportunidad de llegar a grandes grupos de jóvenes con las herramientas de la mediación, los MSC y estos círculos de aprendizaje. Y ahora también, con la conciencia de que enseñar implica conocer, aprender y reaprender junto con las IA´s, integrándolas de manera ética y responsable en nuestra práctica docente.
Redacción revisada y ajustada con Copilot.


