
Jorge Carlos Patrón Wong
V Arzobispo de Xalapa
41/2026
ASUNTO: Comunicado al Pueblo de Dios
Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo:
Jesucristo instituyó en su Iglesia siete sacramentos, ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y al culto debido a Dios.
Los sacramentos son signos eficaces de la gracia. Comunican la vida divina y poseen una profunda dimensión pedagógica: no sólo suponen la fe, sino que también la alimentan y la fortalecen. La Iglesia los llama “sacramentos de la fe”. Su celebración dispone a los fieles para recibir fructuosamente la gracia de Dios, rendirle el culto debido y practicar la caridad con generosidad.
Junto a los sacramentos, la Santa Madre Iglesia ha instituido también los sacramentales. Los sacramentales están orientados a la santificación de diversos ministerios, estados de vida, circunstancias concretas de la existencia cristiana y de aquellas realidades materiales que sirven al bien del hombre.
Los sacramentales comprenden siempre una oración de la Iglesia, frecuentemente acompañada por un signo visible, como la imposición de las manos, la señal de la cruz o la aspersión con agua bendita, que nos recuerda nuestro Bautismo. Cada bautizado está llamado a ser bendición para los demás.
Los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo de la misma manera que los sacramentos. Su eficacia proviene de la oración de la Iglesia, que prepara a los fieles para recibir la gracia y los dispone a cooperar con ella.
Los sacramentales son auténticas bendiciones que tienen como finalidad alabar a Dios y abrir el corazón de los fieles a sus dones.
Entre los sacramentales ocupan un lugar privilegiado las bendiciones: de personas, familias, alimentos, objetos y lugares.
Existen también bendiciones y consagraciones de carácter permanente, cuyo efecto es dedicar de modo estable personas, lugares u objetos al servicio de Dios. Entre ellas se encuentran la consagración de vírgenes, el rito de la profesión religiosa y las bendiciones relacionadas con diversos ministerios como lectores, acólitos y catequistas. Del mismo modo, forman parte de los sacramentales la dedicación de una iglesia, la bendición o consagración de un altar, la bendición de los santos óleos, de los vasos sagrados, de los ornamentos litúrgicos y de las campanas.
Los sacramentales ayudan al cristiano a mantener una relación viva con Dios, a invocar constantemente su nombre y a reconocerlo como Señor de la propia vida. Son signos que acompañan nuestro peregrinar terreno y hacen presente la cercanía de Dios en medio de las circunstancias de cada día, orientándonos hacia la vida eterna.
Es necesario evitar toda interpretación supersticiosa o mágica de los sacramentales. Su valor no reside en fórmulas automáticas ni en prácticas externas, sino en la fe de quien los recibe y en la oración de la Iglesia. Tanto los sacramentos como los sacramentales encuentran su fuente y eficacia en el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, de donde brota toda gracia y santificación.
<< Con María, todos discípulos misioneros de Jesucristo >>


