Viernes Santo: cuando la justicia fracasa y la mediación hace falta

Por Octavio Ruiz Méndez

El Viernes Santo suele abordarse desde la fe, el recogimiento y la tradición. Sin embargo, desde el derecho y particularmente desde la mediación también es posible leerlo de otra forma: como el retrato de un conflicto que nunca encontró cauce y de una justicia que, simplemente, falló.

No es una afirmación cómoda, pero sí necesaria.

Lo que ocurre con Jesucristo no es únicamente un acto religioso o simbólico; es también la consecuencia de un proceso donde el diálogo fue sustituido por la presión, y donde la decisión final no respondió a la verdad, sino a la conveniencia. En términos contemporáneos, estamos frente a un caso donde no hubo condiciones mínimas de imparcialidad, ni voluntad real de escuchar.

El papel de Poncio Pilato resulta especialmente revelador. Representa a la autoridad que, aun percibiendo la injusticia, opta por ceder. Y ese gesto tan humano como preocupante sigue repitiéndose hoy en múltiples espacios: cuando la autoridad evita el conflicto en lugar de resolverlo, cuando la justicia se vuelve rehén del entorno.

Como mediador, me resulta inevitable preguntarme: ¿qué habría pasado si en ese momento hubiera existido un verdadero espacio de diálogo? ¿Si alguien hubiera tenido la capacidad y la voluntad de contener el conflicto antes de que escalara?

La mediación no es ingenua. No pretende borrar las diferencias ni negar el conflicto. Lo que propone es algo más exigente: reconocer al otro, escucharlo, y construir una salida que no deje vencedores y vencidos, sino personas capaces de seguir conviviendo. Justo lo que faltó.

Hay, sin embargo, un elemento profundamente disruptivo en el relato: incluso en medio de la condena, emerge una expresión de perdón. “Padre, perdónalos…”. Desde una perspectiva jurídica, esto podría leerse como un acto extremo de desescalamiento, una ruptura del ciclo de violencia que no proviene del sistema, sino de la persona.

Y ahí hay una lección incómoda para el derecho.

Porque el sistema falló. Pero la humanidad en su forma más alta no.

El desafío para quienes ejercemos el derecho hoy es precisamente ese: evitar que la justicia siga siendo únicamente un mecanismo de imposición y convertirla en un espacio de reconstrucción. Los Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias no son un complemento decorativo del sistema jurídico; son, cada vez más, una necesidad frente a su evidente desgaste.

El Viernes Santo no solo nos habla de sacrificio. Nos confronta con algo más difícil de aceptar: lo que ocurre cuando no sabemos o no queremos resolver nuestros conflictos.

Y quizá ahí está su vigencia.

Porque mientras la justicia no incorpore de manera seria la lógica de la mediación, seguiremos repitiendo, con distintos rostros y en distintos contextos, historias donde el conflicto termina en ruptura, y no en reconciliación.

Dr. Octavio Ruiz Méndez es es abogado, mediador privado y docente de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, especialista en Derecho Ambiental y Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias. Su trayectoria combina la investigación jurídica con la promoción de una cultura de paz y justicia ecológica. Ha participado en proyectos de innovación normativa y mediación socioambiental, impulsando la integración de los principios de sostenibilidad y empatía inter-especie en el ámbito jurídico. Su trabajo académico se centra en la transformación del derecho hacia modelos más inclusivos, participativos y respetuosos con todas las formas de vida.

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