La paz como punto de partida, no como pretexto

Por Octavio Ruiz Méndez

En los debates contemporáneos sobre crisis políticas y humanitarias, particularmente en nuestra región, la paz suele presentarse como un valor indiscutible, casi automático. Se afirma no sin razón que debe evitarse el conflicto, que el diálogo es preferible a cualquier forma de confrontación y que el respeto a la legalidad internacional constituye el único camino legítimo. Sin embargo, conviene preguntarnos si toda apelación a la paz cumple realmente con ese propósito o si, en ciertos contextos, termina por vaciarse de contenido.

La paz, entendida únicamente como ausencia de intervención o de ruptura del orden formal, puede coexistir con escenarios profundamente injustos. Cuando ello ocurre, deja de ser un objetivo ético y se transforma en una categoría cómoda, útil para sostener equilibrios que no necesariamente protegen a las personas.

Desde el derecho, y en particular desde el derecho internacional, la legalidad ha sido concebida como un instrumento para preservar la estabilidad. No obstante, cuando esa legalidad se aplica de manera rígida frente a violaciones graves y persistentes de derechos humanos, surge una tensión que no puede ignorarse. El derecho, en esos casos, corre el riesgo de convertirse no en un límite al poder, sino en un marco que lo normaliza.

Hablar de diálogo exige la misma honestidad intelectual. El diálogo auténtico presupone condiciones mínimas: libertad, buena fe y reconocimiento del otro. Sin ellas, insistir en el diálogo puede convertirse en una fórmula retórica que prolonga el conflicto bajo la apariencia de entendimiento. No toda conversación es diálogo, ni todo silencio es paz.

Por ello, defender la paz no implica renunciar a la crítica jurídica ni a la reflexión ética. Al contrario, exige preguntarnos si el orden normativo vigente está cumpliendo su función primordial: proteger la dignidad humana. Cuando la legalidad se vuelve incapaz de responder a esa exigencia, su legitimidad comienza a erosionarse.

Primero la paz, sin duda. Pero una paz que no sea pretexto para la inacción ni refugio de la injusticia. Una paz que dialogue con el derecho, pero también con la realidad de quienes no han encontrado en la legalidad una verdadera protección.

Dr. Octavio Ruiz Méndez es docente de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana, especialista en Derecho Ambiental y Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias. Su trayectoria combina la investigación jurídica con la promoción de una cultura de paz y justicia ecológica. Ha participado en proyectos de innovación normativa y mediación socioambiental, impulsando la integración de los principios de sostenibilidad y empatía inter-especie en el ámbito jurídico. Su trabajo académico se centra en la transformación del derecho hacia modelos más inclusivos, participativos y respetuosos con todas las formas de vida.

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