
Quetzalli Carolina Vázquez, la combativa periodista directora del medio Que Noticias, denunció que encontró abierto el portón trasero de su domicilio y que, pese a realizar tres llamadas al 911, no recibió una respuesta efectiva. Aunque desconoce quién pudo estar detrás de lo ocurrido, afirmó que continuará ejerciendo el periodismo crítico.
Por su parte, la Asociación de Comunicadores de Veracruz (ACOVER) condenó enérgicamente los hechos denunciados por la comunicadora, quien informó que la noche del martes encontró abierto el portón trasero de su domicilio, una situación que le generó temor y la llevó a solicitar auxilio ante la posibilidad de que alguien hubiera ingresado a su vivienda con la intención de intimidarla.
En un pronunciamiento dirigido a la opinión pública, a las autoridades de Veracruz y a la comunidad periodística, la organización expresó su solidaridad con la comunicadora y exigió una investigación exhaustiva, imparcial y expedita para esclarecer lo sucedido, identificar a los posibles responsables y garantizar la seguridad de la periodista y su familia.
La ACOVER advirtió que una agresión contra el domicilio de una periodista no puede minimizarse ni tratarse como un incidente menor, particularmente cuando el ejercicio informativo implica cuestionar al poder, denunciar irregularidades y mantener una postura crítica.
Asimismo, sostuvo que las autoridades deben investigar todas las líneas posibles, sin descartar que los hechos pudieran estar relacionados con la labor periodística de Vázquez Hernández, y aplicar las medidas de protección necesarias para que pueda continuar trabajando sin amenazas ni temor por su integridad.
“La libertad de expresión no se negocia, el periodismo no se intimida y la seguridad de las y los comunicadores no puede quedar a merced de los agresores”, señaló la asociación, al advertir que la violencia contra quienes ejercen el derecho a informar representa también una amenaza para la sociedad y la vida democrática.
La organización hizo hincapié en que la prevención, la protección y la justicia deben llegar a tiempo, sin esperar a que una agresión escale a consecuencias irreparables.

La periodista descarta guardar silencio
Por su parte, Quetzalli Carolina Vázquez Hernández, relató este miércoles en su columna “Por si estaban con el pendiente”, bajo el título “El miedo tocó mi puerta, pero no se llevó mi voz”, que el hallazgo del portón abierto la enfrentó a una situación que nunca había experimentado de esa manera, pese a sus más de tres décadas de trayectoria en los medios de comunicación.
Vázquez recordó que, a lo largo de su carrera, ha enfrentado amenazas, presiones, intimidaciones y episodios de riesgo vinculados con distintas etapas de la vida política de Veracruz. Entre ellos mencionó reclamos por publicaciones sobre obra pública, situaciones de peligro durante el gobierno de Fidel Herrera Beltrán y el seguimiento de desconocidos después de documentar presuntas irregularidades durante la administración de Javier Duarte de Ochoa.
Sin embargo, aclaró que no pretende construir una imagen de víctima ni presentarse como una heroína. Reconoció que sintió miedo y preocupación por su seguridad, pero sostuvo que esa reacción no implica renunciar a su trabajo ni a su derecho a informar.
De acuerdo con su relato, desde hace un par de meses cuenta con medidas de seguridad proporcionadas por el Mecanismo Federal de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, a raíz de otro hecho anormal que previamente había reportado.
La comunicadora explicó que, al encontrar abierto el portón de su vivienda, siguió los protocolos de seguridad establecidos y llamó al número de emergencias 911 en tres ocasiones, sin obtener una respuesta efectiva. Añadió que, mientras desde la Ciudad de México se tuvo conocimiento de la situación y se emprendieron acciones para atenderla, decidió salir de su casa porque consideró que en ese momento estaría más segura en la calle que dentro del inmueble.
Respecto de lo sucedido, señaló que el reporte policial refiere que el portón estaba abierto, que los elementos revisaron el domicilio sin encontrar a nadie y que no se identificó un robo. La periodista expuso su hipótesis de que alguien pudo haber ingresado saltando la barda y salido después de abrir el portón, posiblemente porque su intención no era sustraer objetos.
No obstante, fue enfática al señalar que desconoce quién pudo estar detrás de los hechos y que no cuenta con pruebas para atribuirlos a algún funcionario, político, juez, dirigente o delincuente. Por ello, pidió que lo ocurrido quede asentado públicamente y sea investigado sin anticipar conclusiones.
Vázquez Hernández reconoció que el episodio la asustó, pero advirtió que, si la intención era conseguir que dejara de escribir e investigar, no lo lograrán.
“Eso no significa que ignore los riesgos, tomaré las precauciones necesarias sin renunciar a mi derecho de ejercer el periodismo”, expresó en su texto, en el que también cuestionó que las amenazas y la intimidación lleguen a considerarse parte inevitable del oficio periodístico.
Quetzalli señaló que comprende la preocupación de sus familiares y personas cercanas por su seguridad, pero rechazó que la prudencia deba convertirse en una orden de silencio. Consideró que el país necesita condiciones para que las nuevas generaciones de periodistas puedan investigar y publicar sin tener que preguntarse si su trabajo pondrá en peligro su integridad o la de sus familias.
También defendió el derecho de cada persona a decidir si continúa ejerciendo el periodismo después de una situación de riesgo, sin juzgar a quienes opten por alejarse para proteger su vida.
En su caso, afirmó que su decisión es continuar, no porque se considere invulnerable, sino porque cree en la responsabilidad social de una profesión que debe mirar donde otros no quieren mirar, formular preguntas incómodas y hacer visibles los hechos que necesitan salir a la luz.
Exigen garantías para ejercer la libertad de expresión
Los hechos denunciados por la periodista y el pronunciamiento de la ACOVER vuelven a colocar en el centro del debate las condiciones de seguridad en las que trabajan quienes investigan, cuestionan y documentan asuntos de interés público.
Mientras la asociación demandó una investigación seria, medidas de protección y garantías para la integridad de la comunicadora y su familia, Vázquez Hernández insistió en que no se debe normalizar que quienes informan tengan que acostumbrarse a vivir con miedo.
La periodista concluyó que no desea que su experiencia se convierta en un relato de heroísmo, sino que contribuya a visibilizar un problema que trasciende su caso particular: el riesgo de que la intimidación termine condicionando la libertad de expresión y el derecho de la sociedad a estar informada.


