
Juan José Llanes Gil del Ángel
Fue una experiencia muy gratificante y una gran lección el homenaje y la investidura como Doctor Honoris Causa del señor Ministro en retiro, Luis María Aguilar Morales, que dispuso el Instituto Latinoamericano de Estudios de Posgrado. Previo a tan solemne acto, se desarrollaron algunas conferencias, una de las cuales se me encomendó, lo que agradezco cumplidamente.
Pero creo que vale la pena recapitular algunos aspectos de este homenaje que, con características muy singulares (dado el momento de la Historia que vive México), tuvo como protagonista a este personaje del mundo jurídico.
Luis María Aguilar Morales fue Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación entre el primer día de diciembre de 2009 y hasta el pasado 30 de noviembre de 2024; presidió ese Alto Tribunal entre 2 de enero de 2015 y el 31 de diciembre de 2018. Para cuando llegó a la SCJN él ya había sido todo lo que se puede ser dentro del Poder Judicial Federal: secretario de Juzgado, juez de Distrito, magistrado de Circuito, y secretario de estudio y cuenta de una Sala, entre otras encomiendas, y ya habría podido estar -incluso- jubilado. Nunca pasa por alto que comenzó en el servicio público como “taquimecanógrafo judicial”.
Le tocó estar en la SCJN en momentos clave de la vida jurídica de México: cuando se produjo la reforma constitucional en materia de Derechos Humanos en 2011, cuando se promulgó la nueva Ley de Amparo en 2013, y cuando apareció la reciente Reforma Judicial. Antes y después de presidir el Pleno de la Suprema Corte, Aguilar Morales estuvo adscrito a la Segunda Sala que, entre otras materias, atiende la del Trabajo.

Como Ministro participante en diversos fallos del Poder Judicial Federal enfatizó la libertad de afiliación de los trabajadores, la autonomía sindical, y la protección a éstos contra actos de injerencia patronal. Su interpretación a la Ley Federal del Trabajo buscó, además, sintonizar nuestro marco jurídico con los convenios emanados de la OIT que aterrizaron en el derecho positivo tras la reforma constitucional de 2011, particularmente en materia de sindicatos. Pero más aún: su contribución a la interpretación de las normas para que se ciñeran a los parámetros de constitucionalidad y convencionalidad, también trajo sensibles beneficios a otros sectores vulnerables, como las personas discapacitadas y las mujeres.
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Se me brindó la oportunidad de participar con una conferencia, a propósito de temas sindicales e históricos, a la que titulé “Del anarcosindicalismo al nuevo sindicalismo mexicano”. Parto de la idea (que no es nueva) de que el origen del sindicalismo mexicano está situado en las ideas anarquistas que florecieron en Europa en los siglos XVIII, XIX y XX, y que encontraron terreno fértil en el contexto de la Revolución de 1910. Pero también presento una perspectiva que puede ser atrevida: la Historia es circular y las prácticas que caracterizaron al anarcosindicalismo (la colisión frontal de los trabajadores con la autoridad e, incluso, la violencia), están reapareciendo en el contexto de un país en donde el sindicalismo tradicional ha quedado rebasado por una base trabajadora demandante. El modelo corporativista lo agotó el régimen priista, lo intento asfixiar el panismo, y el nuevo régimen no ha sabido qué hacer con los trabajadores, más allá de ofrecer, año con año, ingentes incrementos al salario mínimo.
En fin. Esa fue la idea que se me permitió exponer.

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Me presenté en ese foro con toda la humildad posible. Veo la fotografía que nos toman a los conferencistas junto a Aguilar Morales y, a decir verdad, no sé qué hago ahí, al lado de personas de extraordinarias credenciales académicas, como el Dr. Juan Carlos Rayo Mares (a quien, además, de manera personal aprecio infinitamente) y quien disertó brillantemente con el Magistrado en retiro Julio Humberto Hernández Fonseca sobre “La constitucionalidad en las extradiciones”, y el Magistrado Horacio Armando Hernández Orozco, quien hizo un relevante repaso de las “Aportaciones del Ministro Luis María Aguilar hacia los grupos vulnerables”. Y por supuesto, también, el señor doctor Juan Carlos Vega Rico, Presidente del ILEP.
Apuntaló mi ánimo, claro, mi pertenencia a la Academia Mexicana del Derecho del Trabajo y la Previsión Social, pero -sobre todo- el hecho de que el derecho laboral y el sindicalismo en México, serían impensables sin las primigenias legislaciones (antes de la Ley Federal del Trabajo) que se promulgaron en Veracruz y en Yucatán. Entonces, me arropó el saber que era yo el único veracruzano ahí y que mi padre fue yucateco (y por obra y gracia de la Constitución de aquel Estado), también yo) …
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Contrario a lo que había yo imaginado, Luis María Aguilar Morales es un hombre sencillo, amable, de maneras modestas que rozan con la timidez. Sin que suene peyorativo, se asemeja más al taquimecanógrafo judicial (que fue el puesto en el que comenzó su carrera), que a un ex Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Este momento de la Historia es singular, porque se tomó la decisión de cambiar la forma de integrar una (ya empequeñecida) Suprema Corte de Justicia sobre la que hay apuestas: o será un apéndice total del Poder Ejecutivo, o será un órgano que idealmente tenga una relación de coordinación con los otros Poderes de la Unión. Será, acaso, una oficialía de partes de la Presidencia de México, o será un auténtico contrapeso.

Creo que nunca, jamás, en la Historia de México, hemos tenido una Suprema Corte de Justicia ideal. Tampoco hemos encontrado una manera eficaz de conformarla; pero de todas las formas posibles, la que se puso en marcha, me parece la menos atinada.
A los Ministros (antes de la actual “elección popular”), los proponía el Presidente de la República y los confirmaba el Senado, y era inevitable que se les viera portando una especie de “máscara” con el rostro del presidente en turno. Sin embargo, ya en el ejercicio de su función, se podía confirmar si la llevaban o no.
Creo -salvo mejor opinión en contrario- que no todos los Ministros han sido lacayos. No creo que -hace más de un siglo- Ignacio Luis Vallarta haya sido sirviente de Porfirio Díaz. Creo que otros se han cambiado la máscara. Pero en México -tristemente- tenemos mala memoria y no le ponemos atención a muchas cosas. Entonces, asociar a un Ministro con el titular del Poder Ejecutivo que lo propuso, es un error históricamente demostrado.
Creo que ni Juan Luis González Alcántara Carrancá ni Ana Margarita Ríos Farjat (propuestos por López Obrador), han tenido una máscara con el rostro de AMLO. Arturo Zaldívar (propuesto por Felipe Calderón) otrora férreo opositor a la idea de una “elección judicial” y uno de los talentos tras bastidores de la reforma judicial de la época de Zedillo, se puso una máscara con el rostro del tabasqueño. A los que propuso Fox yo les vi máscaras priistas. Y a Aguilar Morales (también propuesto por Calderón) yo no le noté máscara alguna. Pero, aun así, lo digo en conciencia, no puedo ni podré jamás estar totalmente de acuerdo con todo lo que expuso Luis María Aguilar Morales en los fallos en los que fue ponente.
Curiosamente, los votos que emitía Luis María Aguilar (a quien AMLO calificaba de “calderonista”) coincidían con los González Alcántara Carrancá; sin embargo, en un contexto en el cual los contrapesos no agradan, a González Alcántara Carrancá el Presidente lo calificó como un “error” (“me equivoqué”, dijo López Obrador presentando una extraña forma de humildad), y a Aguilar Morales (incontables veces aludido en las “mañaneras”), se le endilgó el calificativo preferido del régimen: “corrupto”.
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Tras ser investido como Doctor Honoris Causa del ILEP, Aguilar Morales habló. Me complació escuchar (infinitamente mejor desarrollada), la idea que yo torpemente he tratado de exponer cuando se me ha preguntado sobre la reforma judicial: he dicho que la Justicia tiene dos “pisos”. El primero, que se encarga de la Justicia ordinaria, es el que está podrido (y ahí debe incluirse a los órganos “autónomos” de procuración de Justicia). El segundo piso, es otra cosa: es el sistema de control constitucional, previsto para atajar los excesos autoritarios.
Aguilar Morales, en palabras cuidadosamente seleccionadas, habló de “dos Justicias”. Se optó por cambiar la que mantiene el orden constitucional, porque no gusta a quienes tienen el poder que les digan que -a través de actos, omisiones o normas generales- violentan la Constitución o Tratados Internacionales y, por tanto, Derechos Humanos (que ya son vistos como “residuo neoliberal”).
Sin embargo, ante la inminente reconfiguración del Poder Judicial, no queda más que esperar. Aguilar Morales cree (y así lo dijo) que el reto -siempre- es tener jueces, y no mandaderos.
Coincido.
En los breves espacios que tuve para dialogar con este señor (reitero: afable), recibí otra lección interesante. Aquella que tiene que ver con la amable quietud que Aguilar Morales proyecta. Quienes me conocen saben que me suelo quejar de las actitudes de quienes imparten Justicia en mi tierra porque siento que, o me maltratan a mí, o maltratan a los justiciables que represento, lastimados ya, de por sí.
Aguilar Morales obtuvo la animadversión y los vituperios de quien fue Presidente de México (y no uno cualquiera, sino uno muy poderoso, quizás el más poderoso de la era moderna), pero ahí estaba el Ministro en retiro… pacífico, tranquilo, impávido.
Fue un privilegio conocerlo.
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Debo rematar expresando mi gratitud.
Mi visita la CDMX no se habría materializado sin el apoyo del maestro Gerardo Velázquez Maravert, Secretario General Sindicato Innovador Magisterial Veracruzano (SIMVE), quien con generosidad me proveyó del transporte para asistir al homenaje a Luis María Aguilar Morales al que fui invitado. Espero que se me permita reproducir para los maestros de esta organización esa charla sobre el anarcosindicalismo.
Tampoco habría sido posible nada de lo que describo sin la intervención de mi querido amigo, el Doctor Juan Carlos Rayo Mares, Director General del Instituto de Interpretación Jurídica, Jurisprudencial y Científica, quien propuso mi participación.
Y, por supuesto, mi gratitud infinita al Instituto Latinoamericano del Estudios de Posgrado (ILEP) a su Presidente, Julio César Vega Rico, a su Rector, Iván Vega Rico, y a su comunidad docente y estudiantil.


