Cumbre del Clima, en “impasse” por países que rechazan ruta para eliminar combustibles fósiles

A fecha de hoy, 21 de noviembre de 2025, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que se realiza en en Belém, Brasil, del 10 al 21 de noviembre, no ha emitido una declaración final oficial, ya que las negociaciones se encuentran en un punto muerto y la cumbre ha entrado en prórroga.

La cumbre, que debía cerrarse oficialmente hoy, está bloqueada debido a la falta de consenso sobre el texto de la declaración final.

El punto de conflicto son los combustibles fósiles. El principal escollo es la inclusión de un plan u “hoja de ruta” para la eliminación gradual (“phase-out”) de los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón).

El último borrador presentado por la presidencia brasileña ha sido rechazado por un grupo de aproximadamente 38 países, incluyendo España y naciones vulnerables, por considerar que no cumple con las “condiciones mínimas” y elimina las referencias claras a la salida de los combustibles fósiles.

Alrededor de 80 países considerados “petroestados” se oponen a que la declaración final incluya un compromiso para abandonar los combustibles fósiles. El presidente de la conferencia, el diplomático brasileño André Corrêa do Lago, presentó este viernes un borrador a los negociadores de casi 200 países, pero sin incorporar esa hoja de ruta.

Varios Estados latinoamericanos, naciones del Pacífico y la Unión Europea han pedido a Corrêa do Lago que incluya ese mandato para planificar el fin del petróleo, el gas y el carbón, principales causantes de la crisis climática. Sin embargo, el presidente de la cumbre, que siempre ocupa el país anfitrión, afirmó que no es viable introducirlo debido a la oposición de unas 80 naciones, según relataron asistentes a una reunión privada.

En ese encuentro, algunos de los países más dependientes del petróleo defendieron su rechazo a puerta cerrada, lejos de la prensa. La situación resulta especialmente llamativa porque fue el propio presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien decidió introducir este debate al inicio de la cumbre, a pesar de que no estaba previsto en la agenda oficial. El asunto ha terminado dominando por completo las negociaciones.

La reunión fue en ocasiones tensa, según la delegación española. En un momento, la negociadora de Arabia Saudí criticó a quienes impulsan la inclusión de los combustibles fósiles en el texto final, dirigiendo sus reproches directamente a la vicepresidenta tercera y ministra española para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, quien respondió que la mayoría de países respalda dicha hoja de ruta.

Con el bloqueo instalado, las conversaciones seguirán, mientras persiste la incógnita de cómo resolver esta disputa narrativa. Si el presidente de la COP30 opta por llevar al plenario un texto descafeinado, los países más ambiciosos han amenazado con vetarlo y quedarían como responsables del bloqueo. Si, en cambio, presenta un documento que sí mencione los combustibles fósiles y los petroestados lo rechazan, ellos serían quienes aparecerían ante las cámaras como los obstruccionistas.

La ministra colombiana de Medio Ambiente, Irene Vélez Torres, abandonó en un momento la reunión privada para expresar ante la prensa su indignación: “Ellos están bloqueando, nosotros no”. Subrayó que no sólo los países latinoamericanos reclaman la hoja de ruta, sino más de 40 naciones cuyas solicitudes están siendo ignoradas.

Tras conocerse el borrador sin referencias a los combustibles fósiles, cerca de 40 países enviaron una carta a la presidencia exigiendo incluir esa mención. Entre los firmantes figuran España, Reino Unido, Alemania, Francia, Colombia, México, Corea del Sur y Suecia. Criticaron que el texto se presentara como un “tómalo o déjalo”, y advirtieron que no cumple los requisitos mínimos para un resultado creíble de la COP. Recordaron, además, que el mundo espera “continuidad y progreso” y que cualquier retroceso sería inaceptable.

Colombia y Países Bajos anunciaron que en abril celebrarán una conferencia internacional dedicada precisamente a la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, iniciativa a la que ya se ha sumado España y que se vincula al impulso de un tratado de no proliferación de estos recursos.

No obstante, incluso con mayorías visibles, las cumbres de la ONU requieren consenso unánime, lo que permite a cualquier país bloquear el acuerdo. Este sistema ha atenuado la ambición de los textos durante más de tres décadas. Arabia Saudí ha liderado históricamente la oposición a cualquier mención a los combustibles fósiles y, según fuentes de la negociación, vuelve a hacerlo en Belém. Grandes potencias como China y Rusia tampoco respaldan la propuesta de la hoja de ruta.

La Unión Europea, por ahora, no se ha sumado colectivamente a la carta, aunque sí varios de sus miembros clave —Alemania, Francia y España—, no así Polonia e Italia. Aun así, el comisario europeo de Acción Climática, Wopke Hoekstra, fue contundente en la reunión: “Bajo ninguna circunstancia vamos a aceptar esto”.

Las organizaciones ecologistas también reclaman rehacer el borrador. Greenpeace sostiene que la COP30 ha mostrado un apoyo creciente a alejarse de los combustibles fósiles y que el resultado debe reflejarlo si se pretende frenar cuanto antes la quema de petróleo, gas y carbón.

En más de treinta años de cumbres, sólo la de Dubái en 2023 logró que el texto final incluyera una mención explícita a dejar atrás los combustibles fósiles. Allí también se sucedieron borradores contradictorios y una fuerte reacción internacional acabó imponiendo un texto más ambicioso. Pero el contexto era distinto: la UE y unos Estados Unidos gobernados por los demócratas jugaron entonces un papel decisivo. Hoy, EE. UU. no solo está ausente en Belém, sino que su Gobierno se ha convertido en uno de los mayores defensores de los combustibles fósiles y niega el calentamiento global.

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