Bajo la sombra de Madero

José Ramón González Chávez

Observatorio Constitucional

El 23 de febrero del año pasado, un dia antes del festejo en honor de nuestro lábaro patrio, el Ejecutivo federal en turno rememoraba al Presidente Francisco Ignacio Madero y en su discurso mañosamente manipulaba los hechos históricos para hacerse semejante a él, aderezado con la declaración de su esposa Beatriz Gutiérrez de que la prensa traidora y afin a los ricos era la culpable en buena medida del fracaso del régimen de entonces. Nunca se imaginó el ejecutivo anterior que al margen de su protagonismo narcisista, las condiciones políticas y sociales de entonces en buena medida coincidirían con las del entorno actual.

En aquellos días, en cuanto al ejecutivo, Madero llegó, pero solo; carecía de capital humano para cubrir los espacios al menos indispensables en la administración pública y construir realmente un nuevo gobierno, así que decidio mantener a funcionarios y actores políticos afines al porfirismo así como varias políticas públicas favorales a los intereses nacionales y extranjeros del gobierno anterior con el fin de mantener la estabilidad política y económica y conceder algunas peticiones de sindicatos y grupos rebeldes.

Los empresarios, militares y burócratas con que el Presidente recién llegado podría contar, venían del antiguo régimen y se formaron -o deformaron- en él, así que su apoyo hacia él y lo que representaba era débil, por decir lo menos. Esto trajo desconfianza entre los inversionistas extranjeros que no veían condiciones para establecerse en México o para garantizar las inversiones que ha habían hecho en el país.

Ya una buena sección de los legisladores le habían pedido llevar a cabo una reunión para analizar y ver la manera de resolver la inacción del gobierno durante más de un año, debida a múltiples factores de diversa naturaleza, pero él se negó.

En su relación con el legislativo, Madero tampoco quiso o no pudo tener y mantener comunicación con el Congreso, quizá porque ante la coyuntura caótica, las guerras intestinas entre facciones, los protagonismos, la falta de representación real por parte de los legisladores, una evidente ausencia de argumentación y en su lugar narrativas vacías y demagógicas (ahí está el diario de debates), provocaron al interior de ambas cámaras una severa crisis institucional que les restaba legitimidad, solidez política y por ende posicionamiento ante el Presidente.

En lo militar, Madero decidió en un creso error que el ejército mantuviera la estructura de la que gozó durante tres décadas bajo las órdenes de su jefe máximo Porfirio Díaz. La fuerza bélica de extracto realmente maderista era endeble y se debilitó aun más a causa del rompimiento del Presidente con los los grupos revolucionarios por la represión que recibieron por parte de las fuerzas oficiales. El poder que Madero le dio al sector castrense a cambio del apoyo del que carecía, produjo un acelerado posicionamiento imposible de controlar. De hecho fue ese grupo militar de cercanos el que orquestó la liberación de los militares sublevados Félix Diaz y Bernardo Reyes, el golpe de Estado, su asesinato y la imposición de Victoriano Huerta que días antes había sido nombrado por Madero jefe de del ejército federal, manteniéndose en el cargo a pesar de que su hermano Gustavo le habría denunciado la traición, misma que se consumara en la misma representación de Estados Unidos en México, donde se firmó el mal famoso “plan de la embajada” en el que se pactaba la destitución del presidente.

Falta de liderazgo; legislativo en pugnas, demagogo y falto de contenidos; grupos sociales confrontados e inconformes; comerciantes nacionales y extranjeros voraces y carentes de compromiso, militares empoderados por el propio ejecutivo, gobierno norteamericano inmiscuido, falta de Estado de Derecho, medios de comunicación postrados ante el régimen en turno, más otros factores vividos por todos día a día, son ingredientes de un amargo coctel que México ya ha probado hace más de 100 años con las consecuencias que todos conocemos y sufrimos, entonces y ahora…

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