
Sesión pública en comunidad chiapaneca con ministros participando en ceremonia ritual.
La escenografía no sustituye al contrapeso constitucional
José Manuel de Alba de Alba
Magistrado en retiro forzado
Lo ocurrido en Chiapas no fue un simple gesto cultural. Fue un mensaje institucional.
En medio de una profunda reforma judicial que ha modificado la estructura del Poder Judicial de la Federación, presenciamos una sesión pública acompañada de rituales con copal y vestimenta ceremonial indígena. México es una Nación pluricultural y el reconocimiento de los pueblos originarios es constitucionalmente obligatorio. Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es la legitimidad del órgano encargado de ejercer el control constitucional.
La Suprema Corte no es un órgano ceremonial. Es el árbitro final del orden constitucional. Su autoridad no descansa en símbolos ni en escenografía cultural. Descansa en su independencia estructural, en la solidez técnica de sus resoluciones y en su capacidad para ejercer control frente al poder político.
La reforma judicial de 2024 alteró el diseño institucional que durante décadas sostuvo la legitimidad del Poder Judicial: carrera judicial, profesionalización, estabilidad e independencia frente a mayorías políticas.
En ese contexto, el recurso a la escenografía simbólica no fortalece a la institución. La expone.
La independencia no se representa; se ejerce. Se demuestra cuando el juez puede invalidar actos del Ejecutivo, cuando puede frenar decisiones legislativas y cuando puede proteger derechos aunque ello incomode al poder dominante.
El juicio de amparo nació como dique frente al poder. Su fuerza histórica nunca dependió de ceremonias, sino de jueces preparados y autónomos.
Cuando el Poder Judicial sustituye independencia por simbolismo, corre el riesgo de debilitar el fundamento mismo de su autoridad moral.
La justicia constitucional no necesita copal para legitimarse.
Necesita autonomía real.
Necesita preparación técnica.
Necesita valentía institucional.
Porque cuando la escenografía intenta suplir la independencia, el problema ya no es cultural.
Es constitucional.


