“Bastón de mando”: espectáculo turístico que viola la laicidad del Estado

José Manuel de Alba de Alba

Magistrado en retiro forzado

La reciente ceremonia del bastón de mando en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha generado un escándalo constitucional y un debate sobre la laicidad del Estado mexicano; la ceremonia, que costó 1 millón 254 mil 121 pesos, no sólo fue un espectáculo para turistas, sino que también violó el principio constitucional de un estado laico.

Hay que recordar que la Constitución mexicana establece que el Estado es laico, es decir, que no tiene religión oficial y que se debe respetar la libertad de culto de todos los ciudadanos; sin embargo, la ceremonia del bastón de mando, que se realizó en un edificio público y con la participación de los nuevos ministros de la SCJN, fue un claro ejemplo de cómo el Estado se está involucrando en asuntos religiosos.

Ademas , la ceremonia fue una postura populista nacionalista que va en contra de una población mayoritariamente cristiana y guadalupana, no hay que olvidar que no todos en México son católicos pero sí guadalupanos . Según datos oficiales, el 80.8% de la población mexicana se identifica como católica, y la mayoría de ellos son devotos de la Virgen de Guadalupe, pudiendo afirmarse que esa imagen de la virgen es una de las cosas que nos da más identidad a los mexicanos; así, la ceremonia del bastón de mando, que se centró en la cultura prehispánica, ignoró la importancia de la religión católica en México y se presentó como una forma de nacionalismo que busca exaltar la identidad indígena.

Pero la hipocresía no termina ahí, mientras el presidente y los funcionarios públicos se presentaban como defensores de la cultura prehispánica, se gastaban millones de pesos en la compra de vehículos de lujo, como las cherokees blindadas, que cuestan alrededor de 1.5 millones de pesos cada una; esto es un claro ejemplo de la doble moral y la falta de coherencia de los líderes políticos.

El caso de Hugo Aguilar es especialmente ilustrativo, pues el ministro es originario de San Agustín Tlacotepec, un pueblo mixteco en Oaxaca, donde la mayoría de la población (95%) se identifica como católica; sin embargo, Aguilar promovió la ceremonia del bastón de mando, lo que plantea la pregunta de por qué se involucró en un ritual que no refleja las creencias de su propio pueblo; pero lo que es más preocupante es que este tipo de actos son utilizados para desviar la atención de los problemas reales de México, como el caso de Adán Augusto López y su relación con “La Barredora”, el tren transismico, los negocios de los hijos de López Obrador, la renovación del tratado de libre comercio y las amenazas de Trump son todos temas que requieren atención y debate.

Y no olvidemos que cuando se critica al ministro Aguilar, éste y todo el aparato responden con victimización y acusando a todo el mundo de clasistas, esto es, revierten con un argumento como “no pueden ver a un indígena con una cherokee o con zapatos caros”, entonces, esto es un claro ejemplo de cómo se utiliza la identidad indígena para blindarse, para justificar la corrupción y la opulencia.

Es importante destacar que la transparencia y la rendición de cuentas son fundamentales en cualquier gobierno, la corrupción y los conflictos de interés pueden tener un impacto significativo en la economía y la sociedad mexicana.

Por eso, de todo lo anterior se puede sostener que la ceremonia del bastón de mando fue un escándalo constitucional y un desprecio a la laicidad del Estado.

Es importante que los líderes políticos respeten la Constitución y la libertad de culto de todos los ciudadanos, y que no utilicen la cultura y la religión para fines políticos.

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