Seguridad nacional como coartada

José Manuel de Alba de Alba

Magistrado en retiro forzoso

Introducción

En México ya conocemos el libreto. Ocurre un accidente grave en una obra emblemática del régimen y, antes de que aparezcan los peritajes, las responsabilidades administrativas o los contratos incómodos, surge el fantasma de siempre: la seguridad nacional. No porque exista una amenaza real al Estado, sino porque el concepto resulta útil para cerrar expedientes, apagar reflectores y comprar silencio. Por eso conviene decirlo antes de que lo intenten: que no vaya a salir la 4T con que el accidente del Ferrocarril Transístmico es asunto de seguridad nacional, porque no cae en ninguna de las hipótesis legales que permiten reservar información.

I. La regla constitucional: la información es pública, el secreto es excepción

El punto de partida es elemental. En el orden constitucional mexicano, la publicidad es la regla y la reserva es la excepción. Clasificar información exige fundar, motivar y demostrar un daño real, cierto y verificable a bienes jurídicos concretos. La seguridad nacional no es un comodín ni una narrativa política.

II. El accidente: lo que sí es y lo que no es

El accidente del FF.CC. Transístmico es grave y exige investigación técnica, rendición de cuentas y reparación. Pero no existe declaratoria de amenaza a la seguridad interior, sabotaje acreditado ni riesgo institucional. Elevarlo artificialmente a seguridad nacional confunde el interés público con el interés del gobierno.

III. Que no salgan mañana con que es “seguridad nacional”

La seguridad nacional no se invoca por lo que podría pasar, sino por lo que está pasando. Invocar una reserva hipotética es ilegal. La ley no autoriza secretos por imaginación, sino por hechos demostrados.

IV. La prueba de daño que nunca aparece

Toda reserva exige prueba de daño. Aquí no existe. La transparencia no debilita al Estado; lo fortalece. Lo que lo debilita es la impunidad.

V. El problema de fondo: leyes ambiguas usadas como arma política

Las leyes utilizan conceptos amplios y vagos que, sin autocontención democrática, permiten que cualquier cosa sea llamada seguridad nacional. Así, la excepción se convierte en regla y la opacidad en política pública.

Cierre editorial

La advertencia queda hecha. El accidente del Ferrocarril Transístmico no es seguridad nacional. Si se pretende clasificarlo, será para proteger a los responsables, no al país. La seguridad nacional protege a la Nación, no a los gobiernos.

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