
Reconocer nuestra voz, tejer comunidad y trabajar la paz junt@s
Profa. Diana G. Campos Pizarro
Docente en MSC por la Facultad de Derecho de la UNAM, mediadora y agente de paz
Dedicado con profunda gratitud a mis alumnas y alumnos del salón B107 de la Facultad de Derecho de la UNAM, por la valentía, la confianza y la entrega con la que le dan alma a estos espacios.
Gracias por compartir en este encuentro dedicado a ti, a escuchar tus reflexiones y la fuerza de tus palabras. Gracias por regalarme tus sonrisas y esos ojos chispeantes de emoción que transformaron el aula. Gracias por estar CONECTAD@S.
Como maestra, mediadora, y agente de paz, reconozco que la paz no se impone desde un estrado ni se enseña con discursos unilaterales; se construye en comunidad, desde la escucha respetuosa y la gratitud sincera por la palabra compartida. Este ejercicio de apertura es posible gracias al fomento constante de nuestra gran Casa de Estudios, la Universidad Nacional Autónoma de México, y al liderazgo sensible de la Dra. Sonia Venegas Álvarez, nuestra Directora en la Facultad de Derecho, cuya visión para renovar los saberes jurídicos ha abierto brecha para que la enseñanza del derecho baje del estrado tradicional y se nutra de la perspectiva de derechos humanos, la multidisciplina y la escucha atenta a las nuevas generaciones de alumnas y alumnos.
Por eso, en la antesala del 2 de octubre, una fecha que marca la historia y representa una herida profunda para nuestro país, pero que también nos recuerda la fuerza imponente de la voz estudiantil de las y los jóvenes, transformamos como todas las clases el salón B107 en un espacio seguro de diálogo horizontal. Moviendo las bancas para quedar en círculo y, te hice una pregunta a ti, alumna y alumno: ¿En qué momentos o espacios sientes que tu voz de persona joven no es escuchada ni respetada? ¿Qué te gustaría decirle a la sociedad?.
Lo que me entregaste en ese círculo fue un choque de realidad y una lección de valentía. Me compartiste con decepción y cierto enojo, al contrastar lo que te enseñan en los libros con la crudeza de lo que vives afuera: el shock de ver cómo nos dicen a las y los estudiantes que son las cosas y descubrir cómo funcionan tan distinto en la práctica. Me dijiste, con una fuerza que duele y sacude: «El gobierno no garantiza la vida, te la arrebata», confesándome que el gobierno no te pone atención ni te escucha.
Esa tristeza se profundiza cuando la inclusión de la juventud se reduce a una escenografía. Me contaste la frustración vivida cuando las y los actores políticos de la 4T invitaron a las y los jóvenes a la Cámara de Diputados: “Solo nos llevaron para que saliéramos en la foto, pero no nos hicieron caso; no sentimos que nos incluyeran”. Y me compartiste que esa misma desconexión la has llegado a experimentar en tu casa, al recibir por respuesta un muro de adultocentrismo donde tus papás y mamás desestiman tus palabras diciéndote que “no tienes experiencia” o que “tú no sabes”.
Sin embargo, frente a esa doble desestimación, me mostraste una madurez y un amor entrañable por nuestra Universidad. Dijiste con firmeza: “No queremos ser parte ni instrumento de quienes quieren desestabilizar a esta institución”. Me demostraste que decides no ser indiferente, que sabes distinguir la protesta legítima de la manipulación, y que eliges acercarte a las personas correctas para tejer redes reales de apoyo y transformación entre todas y todos.
Al escucharte en nuestro círculo, te llevo a reflexionar sobre la pregunta de fondo que ahí emergió: ¿qué fractura hay en la sociedad? La respuesta es la desconexión. El riesgo inminente de un futuro desconectado entre las personas, donde muchas y muchos personas adultas se acostumbraron a oír sin escuchar, levantando muros en lugar de tender puentes.
Frente a ese aislamiento, tú me recordaste la fuerza gigante que tiene tu voz. Te enseño y también aprendo contigo, reflexiono contigo, que debemos alzar la voz y seguir insistiendo para juntas y juntos fomentar una verdadera cultura legal. Me enseñaste que dudar de todo no es para estar en contra por rebeldía vacía, sino el camino indispensable para estar informadas e informados, deliberar constantemente y mejorar como sociedad. Lo compartiste, por que así lo sientes: necesitamos involucrarnos todas y todos en las decisiones del gobierno e integrarnos, porque, al final, todas y todos somos una misma comunidad.
Esta vivencia del B107 nos demuestra a las maestras y los maestros, y a las y los estudiantes, que la paz no se impone ni es un concepto abstracto; es una práctica cotidiana. Por eso, desde los Mecanismos de Solución de Conflictos (MSC), la Mediación y la Justicia Restaurativa, reflexionamos sobre los años de tradición del litigio que rompe relaciones, expulsa y aísla a las personas, profundizando las heridas. Ahora sabes que el conflicto es una oportunidad pedagógica para reparar el daño, responsabilizarnos y sanar el tejido social.
Ahí es donde tu voz de alumna y alumno se vuelve indispensable. Cuando decides alzar la palabra en tu comunidad, cuando cuestionas los prejuicios en tu propio hogar o cuando facilitas un diálogo entre tus compañeras y compañeros, te conviertes en una y un auténtico agente de paz.
Estos círculos de paz, de diálogo y de esucucha nos nutren, nos hacen ver que somos comuidad. Si las instituciones adultas te han buscado únicamente para la foto, aquí en nuestra Universidad tienes un espacio seguro donde tu pensamiento crítico es respetado y tu indignación es encausada hacia la transformación social. Por eso necesitamos preparanos, seguir estudiando y analizando, hacer reflexiones propias, no echar rollo, sino tomar conciencia de nuestra oportunidad de estudiar para trasnformar.
A ti, alumna y alumno del B107: gracias por permitirme acompañarte y por recordarme que la voz de cada joven no es un proyecto a futuro, sino el presente vivo que nos exige congruencia. Si la palabra convence, la escucha atenta, la empatía y el ejemplo compartido entre todas y todos son los únicos capaces de mantenernos unidas, unidos y verdaderamente CONECTAD@S.



