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Sobre la Credencial para Votar o el Mito de Prometeo

VIVEROS RAMIREZ_MARIA LILIA

Mtra. MARÍA LILIA VIVEROS RAMÍREZ/JURISTA.- Abstract. Se diserta sobre el empleo real y actual de la credencial electoral, medio de participación ciudadana, analizado desde un trazo crítico-filosófico en torno al Mito de Prometeo o de cómo, esa identificación, es un instrumento democrático de repartición del poder que no cumple con su cometido, toda vez que se adolece de una inteligencia política para ejercerlo.

 Introducción y delimitación del tema

La credencial para votar más conocida como credencial de elector es un puente que conecta al ciudadano común con el Instituto Nacional Electoral, su función intrínseca es ser una estricta constancia de empadronamiento electoral, sin embargo, actualmente, afecta todos los aspectos de la vida cotidiana de los habitantes del País, ya que, casi desde su creación y debido a situaciones tal vez de índole económico, se ha ido posicionando como documento indispensable de identificación en la vida pública de las y los mexicanos.

Al interior del país, en instituciones públicas y privadas, es la cédula de identidad oficial por excelencia; sin ella, los ciudadanos mexicanos carecen de visibilidad institucional; se ha convertido en el único documento que valida actos individuales sociales, financieros, civiles, políticos, administrativos, comerciales, médicos, educativos, turísticos, judiciales, y de cualquier otra índole legal, en la vida de los ciudadanos en edad de votar; paradójicamente, muchas personas la obtienen sólo porque es indispensable para identificarse y realizar acciones en los sectores mencionados, y no necesariamente la usan para ejercer este derecho.

La credencial de elector es el único documento gratuito expedido por el Estado Mexicano, desde hace dos décadas, con el que cuentan los ciudadanos para demostrar su identidad.

Se visualiza necesario dar un paso más en aras de seguir construyendo, con bases cada vez más firmes, la participación ciudadana, la cual, por propia definición, debe escindirse del control estatal ligado, hasta este momento, al proceso de foto-credencialización.

 Justificación

Para consolidar una cultura democrática y de participación ciudadana a la luz de la Reforma Político Electoral de 2014, se considera necesario retomar el sentido dicotómico del empadronamiento electoral, es decir, tanto el deber como la prerrogativa de este derecho subjetivo.

Se visualiza como objetivo a considerar próximamente, a favor de la construcción de una cultura democrática en el sistema electoral mexicano, fortalecer el tema de la participación ciudadana desde la perspectiva de la comprensión de la responsabilidad política electoral.

Es decir, se debe elevar la conciencia del empadronamiento del individuo, y su consecuente identificación, a una concesión o medio de acceso al poder, más allá del beneficio de obtener un simple documento de identificación en razón de que la Credencial para Votar con fotografía, es el documento que la autoridad electoral expide a los ciudadanos en pleno uso de sus derechos político electorales, para que puedan emitir su voto, -por ello, y no por otra causa, contiene los datos de identificación del elector-.[1]

Expuesto lo anterior, y ante la indiscutible afirmación de que la credencial electoral ha jugado un papel fundamental en el proceso de construcción de la democracia en México, desde finales del siglo pasado, la autora considera pertinente mostrar, en este documento, un análisis ad simili entre la expedición y uso real de la Credencial para Votar y el mito griego de Prometeo. A partir de tal sustento filosófico, se propone un replanteamiento, por parte del Estado Mexicano, respecto a la auténtica finalidad de dicho instrumento y a las estrategias de su uso.

 Desarrollo del tema

En 1990, la expedición del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) y la consecuente instauración del Instituto Federal Electoral (IFE), dieron como resultado, como primera y principal acción, elaborar un nuevo padrón electoral de los ciudadanos mexicanos.

El padrón electoral constituye la base necesaria para garantizar un sistema democrático, transparente y controlado durante el desarrollo de las elecciones. En los años noventa se utilizó un método censal casa por casa para elaborarlo.

Según datos de Iván Neria[2], se realizaron cerca de 16 millones de visitas a hogares mexicanos, lo que permitió el registro de más de 39 millones de ciudadanos y la entrega de poco más de 36 millones de credenciales de elector. Con tales instrumentos se llevaron a cabo las elecciones intermedias de 1991.

El 3 de julio de 1992 se aprobó por parte del IFE el nuevo modelo y diseño de la credencial de elector, cuya principal característica fue la incorporación de la fotografía de su titular. Seis días después, el Senado de la República aprobó por unanimidad que esta nueva credencial sirviera también como instrumento de identificación personal en trámites administrativos, en tanto fuera expedida la Cédula de Identificación Ciudadana, el cual es el documento que tiene como obligación el Estado Mexicano expedir para hacer válido el derecho a la identidad; misma que a la fecha, no ha sido emitida.

No se puede omitir reconocer el papel fundamental que jugó en su momento la Credencial para Votar con fotografía en la etapa de cimentación del organismo autónomo para la organización de las elecciones en México, no obstante, es necesario hacer una análisis.

En el plan estratégico institucional 2012-2015 del Instituto Federal Electoral, consultable en el sitio oficial del Instituto Nacional Electoral, se observa el objetivo de consolidar a la Credencial para Votar como medio preferente de identidad ciudadana[3] y en el mapa estratégico aparece en la categoría social el indicador SC2, que marca: “Fortalecer el posicionamiento de la Credencial para Votar para que siga siendo el medio preferente de identificación oficial utilizado por los ciudadanos mexicanos”[4]

 La descripción del indicador está dada por la cantidad de convenios celebrados con instancias públicas y privadas, con el objetivo de que se contribuya a la consolidación de la Credencial para Votar como medio preferente de identificación y el resultado esperado de los convenios, es impulsar a la Credencial para Votar como el medio por excelencia para todos los actos: civiles, políticos, administrativos y judiciales.

 Se sugiere, como parte de la estrategia, que tales convenios provean una metodología y la plataforma tecnológica adecuada, para que, durante las transacciones administrativa o de otra índole, organizaciones públicas y privadas comprueben, tanto la validez de la Credencial para Votar, como la identidad del ciudadano que la porta, sin comprometer la secrecía de la información que reside en las bases de datos del Instituto Federal Electoral.

 En este orden de ideas y considerando prudente abonar en el proceso de la construcción de la cultura democrática en México, se presenta un comparativo crítico filosófico entre la función desvirtuada de la Credencial para Votar, y el mito griego de Prometeo.

Para la mitología griega, Epimeteo pide a su hermano Prometeo, ambos hijos de Jápeto y Clímine, hacer la distribución de habilidades entre las especies mortales que saldrían de la tierra[5]. Reparte cualidades, facultades y características físicas especiales a todos los animales y les provee convenientemente de medios para su defensa y supervivencia; cuando Prometeo va a supervisar la asignación, ve a los hombres desnudos, sin calzado, sin abrigo e inermes, viviendo dispersos (no había ciudades) por lo que eran fácilmente aniquilados por las fieras al ser, en todo, más débiles que ellas.

Y como ya era el tiempo señalado por el destino, para que todas las creaturas salieran de la tierra a la luz y ante la imposibilidad de encontrar un medio de salvación para el hombre, Prometeo intercede por él, y roba a Hefesto y a Atenea la sabiduría de las artes junto con el fuego, otorgándoselo, como regalo, al hombre. He aquí que este fuego viene siendo la Credencial para Votar, la cual, como ya se mencionó, ascendió a 36 millones en 1991.

El arte que profesaban los antiguos constituía un medio adecuado para alimentarse pero insuficiente para combatir a las fieras porque no poseían el arte de la política, del que la guerra es una parte. Buscaban la forma de reunirse y salvarse construyendo ciudades, pero, una vez reunidos, se ultrajaban entre sí por no poseerlo, de modo que, al dispersarse de nuevo, perecían.

El hombre sólo recibió con el arte y el fuego la sabiduría para conservar la vida, pero no recibió la sabiduría política; ésta estaba exclusivamente en poder de Zeus y a Prometeo no le estaba permitido acceder a la Acrópolis, a cuya entrada había dos guardianes terribles.

Se necesita que la participación ciudadana sea entendida como derivado de una sabiduría política como lo dice el mito, o como una inteligencia más del ser humano, la cual debe ser desarrollada como una habilidad del potencial de toda persona y que, definitivamente, se debe educar para ello.

Zeus, observando la fragilidad, la desgracia humana y el riesgo de que dicha especie quedase exterminada por completo, envió a Hermes para que llevase a los hombres el pudor y la justicia, con la finalidad de que pudiesen vivir en comunidad.

Hermes pide orientación a Zeus respecto al reparto de la justicia y el poder entre los hombres, pues no sabe si estos dones deben otorgarse a uno solo o a todos los seres humanos. Zeus responde que todos participen de ellas; porque si participan de ellas solo unos pocos, como ocurre con las demás artes, jamás habrá ciudades.

Desafortunadamente, el robo del fuego, y su entrega a los humanos, trajo como consecuencia el tormento de Prometeo[6], consistente en encadenarle a una columna donde un águila devorase su hígado durante el día, se regenerara éste por la noche, y volviese a ser devorado al día siguiente. Así por toda la eternidad, Zeus castigó a Prometeo para que aprendiese a respetar más a los dioses al mismo tiempo que amar menos a los humanos. Sin embargo, la posesión del fuego por el hombre, no fue la solución a sus problemas de socialización ni le ayudó en verdad a vivir en comunidad.

Afirmamos que la Credencial para Votar y las políticas públicas que se impulsan para que se posicione, de manera casi monopólica, como medio de identificación de las y los ciudadanos, no es la vía correcta para consolidar la participación ciudadana, ni mucho menos la democracia en nuestro país.

Se deben permear prácticas en el ámbito educativo, desde la educación básica hasta la universitaria, para que se incorpore la inteligencia política como un ejercicio democrático a través de la participación ciudadana, es decir, hacer sentir al individuo, a través de prácticas cotidianas, que el ámbito público es cosa de todos.

La credencial de elector, como el fuego de los dioses robado por Prometeo, es entregada al ser humano sin haberse desarrollado previamente la sabiduría política, lo cual nos pone en riesgo de seguir viviendo aislados, sin asumir responsabilidades y cayendo en la falacia de que la sola acción de obtenerla es un acto de responsabilidad.

El mal uso cotidiano de dicha identificación, fomentado por los mismos entes responsables de guiar la vida política de las y los mexicanos, nos coloca en la perspectiva de facto en la que el plástico con fotografía se convierte en un bien propiedad de la persona, y como todo bien, susceptible de intercambio. Incluida su venta o renta en tiempos electorales.

La verdadera responsabilidad y participación ciudadana radica en las acciones que realizamos en la cotidianidad para vivir en armonía y paz dentro de una sociedad. Y de manera particular, en la libre participación en los procesos electorales.

Fernando Savater en su obra Política para Amador dice que:

 “Los antiguos griegos (tipos listos y valientes por los que ya sabes que tengo especial devoción), a quien no se metía en política le llamaron idiotés; una palabra que significaba persona  aislada, sin nada que ofrecer a los demás, obsesionada por las pequeñeces de su casa y manipulada a fin de cuentas por todos. De ese «idiotés» griego deriva nuestro idiota actual, que no necesito explicarte lo que significa.” [7]

 Vivir en sociedad es ser político y hacer política, no obstante, la calidad de estas relaciones hasta este momento no ha sido evaluada cualitativamente, solo cuantitativamente, y se percibe necesario fundamentar parámetros de la misma, que permitan retomar la confianza ciudadana en los entes encargados de organizar las elecciones y que valgan la pena los grandes presupuestos destinados a dichos eventos, beneficiando a la población más allá de las franquicias de los partidos políticos.

Yoab Samaniego Behar en su obra Manual del Político Moderno… y uno que otro colado, afirma que:

 “Es más, decidir, en sí, ya es hacer política, y a menos que seas un ermitaño o monje tibetano, cada acción u omisión es hacer política. Cuando votas haces política, cuando no votas también haces política. Cuando opinas, o te dejas manipular y usas pretextos para hacer aparentes movimientos sociales, haces política”[8]

 Es decir, todos, a excepción de los idiotas, hacemos política en algún momento y en algún sentido, sin embargo la calidad de la misma en este momento, debe ser objeto de cuestionamientos.

En tanto no se planteé como objetivo elevar la conciencia ciudadana por cuanto hace a la participación responsable de todas y todos, no podemos decir que estemos construyendo sociedades de paz.

Las autoridades electorales no pueden pedir a través de simples campañas televisivas o spots de radio que escapan de lo creativo y acaban siendo, por fuerza de la repetición obligada, la letanía de la democracia a la que cada período electoral nos encomendamos. Convirtiéndose posteriormente los personajes de dichas campañas, en la nueva generación de fantasmas y lloronas que persiguen a la ciudadanía en pos de una supuesta participación ciudadana, racionalidad del voto y promoción de una cultura de denuncia ante la FEPADE (Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales de la Procuraduría General de la República).

 Conclusiones

PRIMERA: Se considera necesario replantear las políticas públicas de control social encaminadas a malversar la finalidad de la credencial de elector como medio monopólico de identificación de las y los mexicanos.

SEGUNDA: Se detecta la necesidad fundamental de fortalecer la cultura de participación ciudadana

TERCERA: Se visualiza una compromiso pendiente del sistema educativo, que tienda a desarrollar la sabiduría política y conciencia social, como parte de las capacidades y facultades necesarias del ser humano para vivir en sociedad.

 Fuentes

FERNANDO SAVATER, Política para Amador, disponible en http://cursoslibres.usac.edu.gt/wp-ontent/uploads/2014/08/Pol%C3%ADtica-para-Amador.pdf, consultado el 13 de octubre de 2014. PDF

GREGORIO LURI MEDRANO, Iconografía  del Mito de Prometeo, disponible en: http://tdd.elisava.net/coleccion/14/songel-es, consultado el 14 de octubre 2014. HTML

INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL, http://norma.ine.mx/es/web/normateca/glosario-electoral, consultado: 08 de octubre de 2014. HTML

INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL, Plan estratégico institucional 2012-2015: indicadores y metas, http://norma.ife.org.mx/documents/27912/280095/Indicadores+Estrat%C3%A9gicos+y+Metas+-+Plan+Estrat%C3%A9gico+Institucional+2012-2015/d2dab60f-cd0e-47a1-b7a3-2e5e9c1fa1df, consultado: 8 de octubre 2014. PDF

 IVÁN NERIA, Arte e Historia de México, Disponible en: http://www.arts-history.mx/sitios/index.php?id_sitio=735655&id_seccion=3028135&id_subseccion=19032&id_documento=2777, consultado: 10 de octubre 2014. HTML

PLATÓN, Protágoras, disponible en: http://roble.pntic.mec.es/~jgomez10/prometeo.html, consultado 12 de octubre de 2014 HTML

PLATÓN, Diálogos. Ed. Porrúa, 1991, México.

YOAB SAMANIEGO BEHAR, Manual del Político Moderno… y uno que otro colado. Ed. Gernika, 2012, México.

[1] INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL, http://norma.ine.mx/es/web/normateca/glosario-electoral, consultado: 08 de octubre de 2014. HTML

[2] Cfr. IVÁN NERIA, Arte e Historia de México, Disponible en: http://www.arts-history.mx/sitios/index.php?id_sitio=735655&id_seccion=3028135&id_subseccion=19032&id_documento=2777 consultado: 10 de octubre 2014. HTML

[3] INSTITUTO NACIONAL ELECTORAL, Plan estratégico institucional 2012-2015, http://www.ine.mx/docs/IFE-v2/UTSID/UTSID-InformacionRelevante/UTSID-Utp/PEI_2012-2015.pdf, consultado: 8 de octubre de 2014. PDF.

[4] Íbidem, p.36.

[5] Cfr. PLATÓN, Protágoras, disponible en: http://roble.pntic.mec.es/~jgomez10/prometeo.html, consultado 12 de octubre de 2014.

[6] Cfr. GREGORIO LURI MEDRANO, Iconografía  del Mito de Prometeo, disponible en: http://tdd.elisava.net/coleccion/14/songel-es , consultado: 14 de octubre 2014. HTML

[7] FERNANDO SAVATER, Política para Amador, disponible en http://cursoslibres.usac.edu.gt/wp-content/uploads/2014/08/Pol%C3%ADtica-para-Amador.pdf, consultado el 13 de octubre de 2014. PDF p. 7.

[8] YOAB SAMANIEGO BEHAR, Manual del Político Moderno… y uno que otro colado. Ed. Gernika, 2012, México, p. 48.

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