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El Uber, los taxistas y el Estado

MARVILLA FABRICIO

MARVILLA FABRICIO

El Uber es un sistema en línea que es utilizado a través de una aplicación o página que permite el usuario llamar un carro para llevarlo hasta determinado local. Por esa simple definición ya podemos ver que el funciona como otras aplicaciones y servicios de taxi. El sistema tiene distintas ventajas y en algunos países funciona bien pero no es así en todos los países.

En Lima, Perú, hay legislaciones municipales que establecen registro de taxistas y ciertos requisitos para tal, pero desde antes de uber habían carros particulares que hacían taxi y nunca hubo problema entre los taxistas y los particulares. Ya en otros países, entre ellos muchos países europeos y Brasil, la realidad es otra. En Brasil los dos estados más importantes tienen problemas con uber y lo han prohibido después de protestas y actos de vandalismo en oposición al sistema.

Ahora pensemos, el derecho de libertad y, específicamente, libertad laboral es lo que va en contra el derecho de limitar del estado. En derecho constitucional siempre hay una ponderación para saber cual derecho debe prevalecer sobre el otro. El artículo 5, numeral XIII de la constitución brasileño dice: “Es libre el ejercicio de cualquier trabajo, oficio o profesión, cumpliendo las calificaciones profesionales que la ley establezca”. En Brasil no se establece calificación profesional para ser taxista, se necesita de brevete y pasar por trámites para lograr ser taxista al final. Pero lo que se hace en Brasil y en muchas partes del mundo es crear una reserva de mercado, un monopolio a empresas que trabajan con taxis e impiden que otras personas ingresen al mercado. Si el gobierno solamente debería ver si las personas tienen los requisitos para ser taxistas y las medidas de seguridad, en la práctica hay solamente connivencia entre gobiernos y empresas de taxi. Los valores para lograr una licencia en Brasil, dependiendo de donde el taxista ejerce su labor, pueden llegar a precios extremamente altos que, según informaciones, puede llegar a R$ 120 mil[1] (ciento veinte mil) reales (algo como US$ 60 mil dólares).

Como se puede ver arriba, los precios arriba son muy altos y una autorización así no puede ser manejada por un simple taxista que quiera ingresar al mercado pero si por grandes empresas que tienen abogados expertos en eso y protegen sus mercados. Eso no es solamente en Brasil, en Miami, Filadelfia, Chicago y Boston las licencias pueden llegar de US$ 300 mil y US$ 700 mil. Eses valores definitivamente no son para personas que recién están ingresando al mercado.

En decisión reciente, el Tribunal el Juez Bruno Vinícius da Rós Bodart, da 1ª. Vara da Fazenda Pública de la Comarca de Rio de Janeiro decidió de manera interesante, prohibió que las empresas de taxi o otros que las representen y cualquier ciudadano o órgano del Estado practiquen actos que impida aquellos profesionales que utilizan el uber de ejercer sus labores como motoristas particulares[2] y estableció multa de R$ 50 mil reales para quien desobedecer esa decisión, con base en el artículo 330 del Código Penal. El Juez incluso complementa: “La Constitución de la República establece, de forma expresa y categórica, que nuestro Estado Democrático de Derecho, bien así el orden económico brasileño tiene como fundamento la libre iniciativa. Se trata de indiscutible libertad fundamental garantizada a todos los individuos por los artículos 1o, IV, y 170 de la Carta Magna. Como densificación de esa garantía, figura también en la Constitución el derecho al libre ejercicio de cualquier trabajo, oficio o profesión, establecido en el numeral XIII del artículo 5º. (…) Aplicaciones como el Uber permiten que los usuarios controlen directamente la calidad de los servicios, por medio de evaluaciones al final de cada uso. El conductor que preste servicios cuya calidade, higiene y conforto sean poco valorados entre los usuarios y pierda el registro como taxista. Como apuntan los profesores de economía João Manoel Pinho de Mello (Insper) y Vinicius Carrasco (PUC/Rio), la plataforma Uber “hace uso de mecanismos de evaluación por parte de los consumidores que inducen incentivos para que os motoristas tengan buena reputación de ofrecer buenos servicios.”

El juez fue brillante en tal decisión y utilizó de la manera más coherente posible los derechos de libertad expresos en la constitución brasileña: libertad laboral y libre iniciativa. También enseño algo muy importante: el servicio deja a los consumidores la decisión por mantener los conductores en el servicio, mejora constante y también volver todos los competidores más atractivos, incluso los taxistas tradicionales.

[1]Fuente: http://euquerotrabalho.com/como-ser-um-taxista-quanto-custa-uma-placa.html

[2]Fuente: http://s.conjur.com.br/dl/decisao-uber.pdf

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