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Doxa y Paideia Constitucionales

Licenciado en Derecho por la Universidad Veracruzana (UV). Licenciado en Filosofía por la Universidad Iberoamericana. Maestría y Estudios de Posgrado en Ciencia Política, por la Universidad Autónoma de Madrid y Hanover. Posgrado en Comercio Exterior en la Universidad Veracruzana. Catedrático. Autor de “La Argumentación Constitucional”, “Derecho para Inocentes”. Prólogo a la Enciclopedia Jurídica del Dr. José Álvarez Montero. Articulista en medios nacionales.

Licenciado en Derecho por la Universidad Veracruzana (UV). Licenciado en Filosofía por la Universidad
Iberoamericana. Maestría y Estudios de Posgrado en Ciencia Política, por la Universidad Autónoma de
Madrid y Hanover. Posgrado en Comercio Exterior en la Universidad Veracruzana. Catedrático. Autor de “La
Argumentación Constitucional”, “Derecho para Inocentes”. Prólogo a la Enciclopedia Jurídica del Dr. José
Álvarez Montero. Articulista en medios nacionales.

ARNALDO PLATAS MARTÍNEZ/JURISTA.-  es uno de los conceptos griegos de más difícil traducción, al menos en los tiempos actuales, y en muchas ocasiones lo hemos querido forzar para los instantes modernos como categoría terminológica a la idea de buena o correcta formación, cuando en su origen se refiere de forma particular a la opinión, que en la cualidad platónica era un tipo de conocimiento radicalmente engañoso, y aun en Aristóteles lo piensa como el ideario superficial de las mayorías.

En cambio, el concepto de Paideia se halla colocado en la formación de los ciudadanos, es elemento esencial en los primeros años de transformación de los niños. Se me puede corregir y pueden traer a la memoria varias significaciones adicionales, pero en términos generales esos serán dos ejes vitales del proceso educativo. Otros términos que juegan un papel relevante en los procesos educativos tienen como referencia dinámica el conocimiento. Así, el primero de ellos, el logos, y el segundo, el de crítica.

La diatriba entre los griegos implica separación, análisis, desmembramiento (y habré de utilizar este concepto con posterioridad) en tanto el término citado nos lleva a la idea de la palabra, pero no aquella utilizada a volandas, sino que es producto de la reflexión, que le antecede a la observación. El logos es el conocimiento en su expresión de máxima capacidad para entender el orbe y lo que nos rodea, aunque no sea mundo, en boca alguna vez de Miguel de Unamuno.

Las anteriores significaciones sirven de preámbulo y acotación para entender de manera directa la dimensión de la Norma Fundamental, bajo la idea de instrucción que permea a lo largo de esa entidad legal.

Se han dicho cosas importantes sobre la lectura que se le debe dar a la Carta Magna de cualquier Estado sobre la visión occidental. Solamente las repito aquí de forma concisa para que sirva de marco referencial a lo que vamos a concluir. En primer lugar, la Constitución es, al estilo de Herman Heller y Lasalle, un cuerpo que se haya en la existencia propia de la sociedad, por decirlo con palabras simples, se trata de un organismo que está en las “venas de la comunidad” a la que sirve y se vincula, a lo que se llamó tradicionalmente, factores del poder.

Por el otro lado, se encuentra la noción muy kelseniana y que los juristas utilizan de manera continua como un documento formal, plasmado por lo regular en papel y que establece en primera instancia los derechos humanos, en la actualidad, en tanto que en el pasado era la división de poderes y atribuciones, a efecto de garantizar esos mismos, o lo que se llamó garantías individuales.

Ahora bien, hoy no se puede estudiar la Constitución desde la perspectiva arriba enumerada, sino que es necesario hacer una combinación lo más equilibrada posible. En las palabras apuntadas en el primer párrafo que hemos analizado se intenta de mixturar entre la doxa y la episteme, puesto que se debe ver en la Norma Central un discurso que se funda en las funciones de la democracia en los tiempos que asistimos. Y resultado de ello, la Carta Fundamental es a la vez doxa y paideia, que son formulaciones de construcción de la unidad cívica del individuo dentro de los límites del estado mexicano.

Bajo el enfoque expuesto con anterioridad, se puede pasar al texto constitucional y hacer algunas observaciones al respecto. Consecuencia inmediata es el esquema educativo que plantea la norma fundamental vigente, es una facultad macro. Es decir, es facultad nuclear de la que emergen otras facultades, como por ejemplo la de igualdad o los valores democráticos que subyacen en la organización de nuestra entidad máxima de Derecho.

Si atendemos al texto que se establece en el artículo 3 de la norma citada, éste afirma que “la educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentara en él, a la vez, el amor a la patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”. En el texto citado existen varias afirmaciones que se hace indispensable tener en cuenta.

Al hablar de la formación impartida por el Estado, se parte de un principio del monopolio de todos los procesos de educación, ya que, en primer lugar, tanto la pública como la privada pertenecen a la esfera de competencia de esa entidad, ya que la enseñanza privada es derivación de la estructura estatal, y en consecuencia debe someterse a la regulación jurídica del propio sistema.

Con la perspectiva arriba expuesta se detectan algunos de los valores en la Norma fundamental, por lo que respecta del tema que ahora estamos tratando.

De este modo, encontramos el desarrollo armónico del ser humano, el amor a la patria, el respeto a las prerrogativas universales del sujeto, solidaridad internacional, independencia y justicia.

Como corolario, el mencionado bloque axiológico permite observar, en la educación, que sus valores están determinados por el orden descrito en la regla y alguien pudiera decir que es una interpretación solipsista que la propia norma central establece, al determinar la escala de elucidación conforme a la condición y sujeción del intérprete; sin embargo, se debe recordar, en este sentido, que hay cuatro grandes principios en la materia de derechos humanos que no es posible violentar, a riesgo de negar la naturaleza de las facultades a que venimos haciendo alusión.

Los principios en cuestión son antijerarquía, atemporalidad, especialidad y competencia. Me voy a referir al primero, porque es el que se encuentra en este  momento en el debate, y dejaré para otra ocasión la explicitación de los demás.

Dentro de la explicación del normativismo kelseniano se hace alusión a la pirámide dentro de la cual hay un orden de prevalencia del acto regulado, y este mismo razonamiento se lleva al interior de la Carta Magna. A pesar de lo anterior, el problema al interior de la regla a que nos referimos no opera esta estructura, ya que las normas constitucionales poseen el mismo valor y en consecuencia la categoría no opera, a modo de las demás leyes. Por lo tanto, maniobrar la reacción negativa de esa graduación y los elementos indicados tiene el mismo peso al interior de ella, y, en consecuencia, no se puede privilegiar desde la misma a nadie.

 De aquí que la pregunta inmediata habrá de ser entonces cómo aplicar los mencionados valores en el sector de la enseñanza, como lo mandata el máximo cuerpo legal del Estado.

En ese sentido, la respuesta se halla en la situación del asunto concreto y la aplicación de lo que se ha llamado el círculo hermenéutico de control de constitucionalidad (en algunos casos de convencionalidad), donde el intérpretea cargo de solucionar la cuestión tiene que ponderar la estructura de valores y aplicar el que más se acerque al principio pro personae, como lo establece el artículo 1 de la norma a que venimos haciendo referencia.

En consecuencia, estamos frente a la situación de aplicación en función a la situación de los procesos, y por tanto se establece la dinámica entre la realidad y la hipótesis jurídica, que se encuentra atenta no solamente a inducir las conductas sino a determinar las orientaciones  axiológicas a las situaciones pragmáticas apropiadas.

Otra de las derivaciones que se pueden encontrar es que la Norma Máxima tiene diversas ópticas en la educación de un régimen macro, que aparece a lo largo de toda la Constitución y las materias de especialidad valorativa que emergen de los mandamientos axiológicos.

Pero, además, nos encontramos con la situación de la aplicación a los casos concretos, cuando dichos valores se mueven. Esto es algo que los positivistas clásicos solamente no aceptan, sino que se niegan a considerar como uno de los pasos más importantes del desarrollo contemporáneo del Derecho.

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