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Alternativa para la Desigualdad Social: una cuestión de Derechos Humanos

JOSÉ ALFREDO GÓMEZ REYES Abogado e investigador, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACYT; Investigador del Instituto Interdisciplinario de Investigaciones de la Universidad de Xalapa, Doctor en Derecho Público por la Universidad Veracruzana, casa de estudios en la que desde 2010 ha fungido como Asistente legal del Programa de Derechos Humanos. Actualmente es el Segundo Visitador General de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz

JOSÉ ALFREDO GÓMEZ REYES
Abogado e investigador, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACYT; Investigador del Instituto Interdisciplinario de Investigaciones de la Universidad de Xalapa, Doctor en Derecho Público por la Universidad Veracruzana, casa de estudios en la que desde 2010 ha fungido como Asistente legal del Programa de Derechos Humanos. Actualmente es el Segundo Visitador General de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz

JOSÉ ALFREDO GÓMEZ REYES/JURISTA.- Dos premisas importantes se desarrollarán en este breve apartado y, por consiguiente, tendrá una conclusión, que más bien es un reclamo, un grito de tristeza, pero a la vez plantea una solución.

La primera ¿dónde surgen la pobreza y la desigualdad?

En la incorrecta, mal interpretada, pero sobre todo mal implementada globalización, la cual debemos entender como una globalización desde arriba que incluye al localismo globalizado y al globalismo localizado, y una globalización desde abajo, que implica el cosmopolitismo y la herencia común de la humanidad.1

Asimismo, a la herencia común de la humanidad, la relacionada con problemas de naturaleza global, como la sostenibilidad de la vida humana, los temas ambientales, la exploración del espacio, la pobreza y la desigualdad, pero sobre todo la ignorancia. 2

Hoy en día se globalizan las fronteras de los capitales y el dinero, pero no se globalizan las fronteras para las personas, o, mejor dicho, para todas las personas con independencia de su situación social y económica, de su religión, de su raza, con lo que se genera un nuevo tipo de apátridas, emigrantes económicos3, “carentes de identidad como consecuencia de su falta de competencia económica y de su imposibilidad para acceder a los mercados de consumo”.4

Hoy, capitalismo, neoliberalismo y globalización -pensamiento único- son impuestos por los poderes mundiales centrales como realidades históricas connaturales a la esencia humana, y no sólo compatibles, sino posibilitadores de la defensa de la humanidad. Por ello, el proceso de globalización arrastra una actitud generalizada e incuestionada de consolidación de las democracias neoliberales, de la economía capitalista, de los mercados financieros, de la concentración de poderes transnacionales en manos de multinacionales occidentales y “del respeto universal y formal por los Derechos Humanos,5  así como una fuerte dependencia económica de los países del tercer mundo respecto de los del denominado ‘primer’ mundo, a la vez que una inevitable interdependencia entre estos últimos”.6

Y así, la globalización acaba con aquella esencia de una sociedad que ha pactado la unión mediante el apoyo mutuo, olvidando que el acto que instituye el gobierno no es un contrato, sino una ley; que los depositarios del poder ejecutivo no son los dueños del pueblo, sino sus funcionarios; que puede nombrarlos y destituirlos cuando le plazca; que no es de su incumbencia contratar, sino obedecer y que, al encargarse de las funciones que el Estado les impone, no hacen más que cumplir su deber de ciudadanos, sin tener ningún derecho para discutir sobre las condiciones”. 7

Así, el modelo de globalización que se nos presenta como incuestionable es una ideología que borra diferencias culturales para homogeneizar pobreza y desigualdad, para desestructurar identidades e historias y construir-destruir creativamente sobre ellas una razón instrumental basada en criterios de eficiencia financiera, compatibles y posibilitadores de un modelo de dominación y sujeción.8

Segunda premisa, el derecho humano a la educación como herramienta, como fuente, como solución, como esperanza, como alternativa viable, material, real y útil.

La obligación de cada autoridad en el ámbito de sus competencias se centra en proteger, respetar, promover y garantizar los derechos humanos de las personas.

Es por ello que en los distintos escenarios en los que se manifiesta la voluntad del pueblo, resulta notable la carencia educativa que ha germinado en una conducta mediocre y miserable de distintos grupos sociales. Ahí tenemos las manifestaciones “revolucionarias” de los jóvenes, en donde la mayoría no tiene el claro conocimiento de los medios por los cuales realmente pueden exigir que se respeten los derechos de las personas y se hagan cumplir; en cambio por motivos políticos o en la defensa de intereses particulares, lideran a las masas juveniles en pro de “las causas justas para el país”.

Existen diversas plataformas por las cuales combatir  la pobreza y la desigualdad social. Sin embargo, considero que, sin importar las estrategias que se quiera emplear, siempre tendrán como base la educación, cuya raíz se alimenta de los valores enseñados en la familia y cuyo tronco se fortalece con la cultura y el conocimiento.

El acceso a la información en cualquier rincón de cualquier país es crucial para conocer la dimensión de lo que, como individuos, y más como sociedad, podemos hacer. Desde crear proyectos de autosustentabilidad, hasta forjar con acero esa “cadena de favores” que apunte hacia el proyecto educativo. La familia y la escuela deben ser los pilares de cualquier latinoamericano. Hay que rescatar la esperanza y plasmarla en los niños, alejar los escepticismos e informar a los jóvenes, y demostrarles a los hombres y mujeres que la fe muere al final cuando se tiene disposición para hacer bien las cosas.

Y aunque la utopía suene tan contradictoria a nuestra realidad, no hay que olvidar que los héroes a quienes hoy rendimos homenaje comenzaron siendo lo que hoy somos: ilusos, utopistas, soñadores.

Hay que establecer estrategias y esquemas de producción de conocimiento: la pobreza existe porque no hay ingresos suficientes que cubran las necesidades primordiales humanas, y ante ello se generan problemáticas que hoy llevan el nombre de tráfico de drogas, mujeres, niños, órganos y prostitución. Lo ideal sería que ellos se tradujeran en personajes heroicos que defiendan la mano de obra del país, laborando en espacios que generen importantes fuentes de producción nacional.

La pobreza por ende genera desigualdad social. Cada problemática está ligada a otra y entre ellas. Lo que hay que extirpar es la mentalidad tan carente del latino y sembrar en él que no es la revolución armada la solución, sino la constante lucha pacífica del invencible proceso educativo. Es el único modo de que seamos libres. Es la única vía de que seamos justos. Es la única forma de que seamos hombres y mujeres conscientes de que merecemos disfrutar de nuestro desarrollo y bienestar.

Conclusión

Apostamos a la educación como el único medio para que aquellas mentes que se forjan hoy en día vean más allá de una forma fácil de ganarse la vida, que dejen de ser los semilleros de la delincuencia organizada, como una forma distinta de ver la realidad inmersa en corrupción, en mediocridad, en desinterés, individualidad que nos tiene absortos y ajenos.

Apostamos a la educación como estandarte, como escudo, como fuente de desarrollo, porque en la medida en que  conocemos nuestros derechos, en esa medida los defenderemos, no con un arma, no con agresión, sino con conocimiento fundado que evidencia, exige, demanda al corrupto e ineficiente servidor público, todo porque creemos en un estado de derecho, porque tenemos fe y esperanza en la humanidad.

[i]

1 C Cfr. Beneyto, J. M., Contra la globalización, Nueva Revista de Política, Cultura y Arte Nº 50, Abril- Mayo, España 2001, p. 6 a 66.

2De Sousa, Santos, B, La transición postmoderna: derecho y política- Doxa,  núm. 6, España 1999.p.6

3Según datos del Informe sobre Desarrollo Humano 2000 del PNUD, el mundo industrializado ha atraído a millones de inmigrantes; se estima que en 1995 llegaron tan sólo a Europa de 26 a 30 millones de personas -y la situación, desde entonces, se ha agravado profundamente-, y que por lo menos 150 millones de trabajadores de todo el mundo estaban desempleados a fines de 1998 y hasta 900 millones estaban subempleados.

4Fariñas Dulce, M. J. Los Derechos Humanos: desde la perspectiva sociológico jurídica a la ‘actitud postmoderna’- Dykinson-  Madrid 2001. 21.

5Cfr. In Toto Gómez Reyes, José Alfredo, Derechos Humanos y control de convencionalidad para las autoridades en México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Veracruzana, octubre de 2014.

6Idem, p.9.

7Rousseau, J-J.: El Contrato Social, Edaf, Madrid, 2007, p.94.

8Beneyto, op. cit, p.65.

Fuentes

-Beneyto, J. M., Contra la globalización, Nueva Revista de Política, Cultura y Arte Nº 50, Abril- Mayo, España 2001.

-De Sousa, Santos, B, La transición postmoderna: derecho y política- Doxa,  núm. 6, España 1999.

-Informe sobre Desarrollo Humano 2000 del PNUD.

 -Fariñas Dulce, M. J. Los Derechos Humanos: desde la perspectiva sociológico jurídica a la ‘actitud postmoderna’- Dykinson-  Madrid 2001.

-Gómez Reyes, José Alfredo, Derechos Humanos y control de convencionalidad para las autoridades en México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Veracruzana, octubre de 2014.

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